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Jueves , 20.09.2018 / 11:52 Hoy

Verdad amarga

De la “izquierda” como estafa intelectual

Enrique Sada Sandoval

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“Para saber quien gobierna sobre ti, simplemente encuentra

a quien tú no estás autorizado a criticar”

Voltaire


Sí alguna dura lección nos han—además de un mal sabor de boca—la debacle de Angela Merkel en las elecciones en Alemania, los dislates de Podemos o la complicidad vulgar y evidente entre Dilma Roussef y Lula Da Silva, lo es sin duda una férrea desconfianza ante cualquier fariseísmo ideologizante, sobre todo cuando este se vende bajo una careta redentorista o mesiánica, en cualquier latitud.

Sin embargo, hay que reconocer que el ascenso al poder por parte de la demagogia no habría sido posible sin la anuencia con algunos medios de comunicación vendidos al “Pensamiento único” (el No pensamiento) como ideología predominante y acomodaticia.

Parte de este acondicionamiento incluye el uso de una serie de apodos y lugares comunes por los que se pretende descalificar las pruebas y razonamientos de a quien se tacha como opositor, bajo el mote de “fascista”, “reaccionario” o “derechista” ante la imposibilidad de refutarle.

Lo gracioso en estos casos radica no solo en la ignorancia histórica manifiesta en cuanto al significado real de este tipo de adjetivos por parte de quienes suelen acudir a ellos para intentar descalificar al otro (empezando por quienes ignoran que el fascismo y el nazismo siempre fueron izquierda, y que su arribo al poder vino a acabar con los partidos de derecha); también revelan una ligereza mental que poco abona a las posiciones que pretenden sostener, aún siendo caprichosas e indefendibles.

Muestra de lo anterior se ve en la serie de titulares en donde los medios más ordinarios hablaban del triunfo de la “extrema derecha” o la “ultraderecha xenófoba” en las últimas elecciones de Alemania, con motivo del auge del partido Alternativa para Alemania(AFD) a raíz de las violaciones multitudinarias por parte de inmigrantes mahometanos—mismos que fueron silenciados varios días por el gobierno, con la complicidad de la prensa en aquél país—ante el fracaso de sus políticas de inclusión y su incapacidad para ejercer la fuerza pública, proteger a las víctimas (a quienes se pretendía incluso criminalizar, descalificando sus quejas como “nazis” o “racistas”) y defender la ley.

Lo que llama la atención en este caso es lo fácil que resulta ver a los medios tachar de “ultraderechista” a otros cuando nunca se fustiga a la ultraizquierda gobernante, dando la impresión de que la llamada izquierda—dentro del espectro de lo político—fuera pura e incapaz de cualquier radicalismo irracional y virulento.


enrique.sada@hotmail.com

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