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Viernes , 21.09.2018 / 06:02 Hoy

Columna de Enrique Norten

La ciudad policéntrica

Enrique Norten

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Los chilangos vivimos en una ciudad excesivamente dispersa, extensa y sectorizada. Las distancias que recorremos cotidianamente son muy grandes y contamos con un muy pobre sistema de transporte público. El mayor síntoma que pone en evidencia este conjunto de padecimientos ha sido la “contingencia ambiental” a la que hemos sido sometidos y que nos ha afectado últimamente.

Han sido muchas las concesiones que se han hecho al automóvil en Ciudad de México, causa mayor del intenso tráfico y la nociva contaminación que sufrimos los capitalinos, síntoma de la falta de visión y planeación de nuestros profesionales del tema y autoridades. Nos hemos preocupado demasiado por lo individual y poco por lo colectivo, esencia de la vida urbana.

Otras importantes capitales del mundo moderno se ocupan ahora por eliminar las autovías que construyeron en la segunda mitad del siglo pasado, que han desmembrado el tejido social y urbano de las mismas y en muchas ocasiones las han alejado de sus recursos y atractivos naturales. Igualmente, buscan soluciones para sustituir el uso del excesivo número de metros cúbicos construidos destinados a estacionamientos, por otros tipos de ocupación relacionados con el desarrollo propio de los individuos y comunidades, y se esfuerzan por restringir la circulación excesiva de autos en sus centros más concurridos.

Mientras, nosotros seguimos dedicando nuestros recursos a la construcción de múltiples viaductos urbanos (ie: “segundos pisos”) y de estacionamientos, ya saturados e insuficientes aun antes de estrenarlos.

Los reglamentos de construcción siguen insistiendo en obligar a los constructores de nuestras ciudades a aplicar absurdos y obsoletos parámetros de cantidades de estacionamientos. Al construir en Ciudad de México un edificio de oficinas, comercio o entretenimiento, se requiere designar el mismo número de metros cuadrados de estacionamiento que de espacio para las diversas actividades de las personas que los ocupan. El caso de las construcciones residenciales no es mejor. En nuestra ciudad existen más de 7 millones de lugares de estacionamiento para los 5.5 millones de automóviles, y hay una importante escasez de vivienda digna. A modo de comparación: el rascacielos conocido como el Shard, es el más alto —87 pisos— y uno de los más recientes edificios multiusos construidos en el centro de Londres, cuenta con 48 lugares de estacionamiento. La Torre Bancomer en Ciudad de México —52 pisos— tiene 3 mil cajones de estacionamiento, los mínimos necesarios para cumplir con nuestro obsoleto reglamento de construcción.

Además de restringir el uso del automóvil —reduciendo las oportunidades de estacionamiento y encareciendo su uso— y de reforzar los sistemas de transporte colectivo, es indispensable atacar el mayor problema de fondo: reducir la necesidad de desplazamiento de los habitantes de Ciudad de México.

Muchos se preguntan si es tarde para remediar esta falta de visión que hemos tenido durante tantos años, y cuáles podrían ser algunas de las opciones para esta megalópolis de más de 20 millones de habitantes.

Durante la anterior administración de nuestra ciudad, dirigida por el ex jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, y apoyado por sus cercanos —y muy valiosos— colaboradores, los economistas Mario Delgado —actual senador de la República— y Édgar Amador —actual secretario de Finanzas de CdMx—, se planteó un muy interesante nuevo modelo para nuestra ciudad que se sobrepondría a la ciudad actual, conservando sus múltiples virtudes. Este plan consistía básicamente en crear una nueva trama urbana identificando y conectando los nodos de transporte colectivo que de manera orgánica y natural se formaron en la ciudad. Se construirían en estos sitios modernos centros de intercambio de modos de transporte (Cetram), que provocarían el desarrollo permitido y regulado de densos conjuntos de demografías y usos mixtos donde las personas tuvieran la oportunidad de vivir, trabajar, estudiar, etcétera, y que además contarían con los servicios necesarios que permitieran a su población permanecer y desplazarse lo menos posible. Todos estos nuevos centros neurálgicos estarían conectados por un eficiente sistema de transporte público compartido. Una nueva ciudad policéntrica, más densa y diversa se sobrepondría a la ciudad dispersa y sectorizada que vivimos.

Aunque parezca la descripción de una utopía urbana, este es un plan perfectamente factible y realizable.

Desafortunadamente, y aunque se tenía la convicción de que este plan se realizaría durante la presente administración, esta visión ha sido diluida y minimizada, resultando en la construcción actual de unos pocos, aislados y desconectados centros de intercambio modal, que contribuirán escasamente a la resolución de nuestros problemas fundamentales.

Sin embargo, y aunque hemos perdido algunas batallas, la guerra por transformar nuestra ciudad no se ha terminado. Tengo la confianza que sabremos aprovechar las oportunidades que todavía tenemos en Chapultepec, Taxqueña, Ecatepec, Tacubaya y sobre todo Observatorio, entre otros, y que tienen la gran vocación de convertirse en estos nuevos centros de ciudad, densos y multifuncionales, articulados por espacios públicos bien diseñados y proporcionados, que nos permitirán reconfigurar y re-inventar nuestra gran Ciudad de México para beneficio de la calidad de vida y el bienestar de todos los mexicanos.

*Director de TEN Arquitectos y profesor de la UPENN

Correo electrónico: E.Norten@ten-arquitectos.com

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