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Columna de Enrique Norten

La Campana, Colima

Enrique Norten

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El predio La Campana, ubicado en el centro de la capital del estado de Colima, está limitado al norte por la avenida Miguel de la Madrid (conocida también como el tercer anillo periférico) y al sur por la avenida Tecnológico (el segundo anillo). Sus límites oriental y occidental los definen dos de los siete ríos que cruzan la ciudad de norte a sur: el río Colima y el arroyo Pereira, respectivamente.

La historia de La Campana —conocido anteriormente como Almoloyan ("mi agua que corre")— se remonta a hace 2 mil 300 años, cuando se asentaron en este lugar los primeros grupos que pertenecieron a las Culturas de Occidente o las Culturas de las Tumbas de Tiro, como también se conocen, debido a las muy especiales tradiciones funerarias de estos pueblos.

Entre los años 300 a.C. y 900 de nuestra era este importante centro ceremonial, político y administrativo tuvo su mayor esplendor y llegó a ser el más poblado del occidente de México. Se desarrolló en paralelo a Teotihuacán y Monte Albán, y siguió siendo ocupado hasta entrado el siglo 13 y posiblemente después.

Hoy, el predio La Campana cuenta con aproximadamente 120 hectáreas (Chapultepec, en la Ciudad de México, tiene 680 hectáreas, y el Parque Fundidora en Monterrey 235), lo que corresponde 3 metros cuadrados por cada habitante de Colima capital. De este territorio, 10 hectáreas han sido excavadas y restauradas (Templo Mayor, 1.35 hectáreas; Chichén Itzá, 93 hectáreas; Teotihuacán, 265 hectáreas). Un bello conjunto arqueológico con muy interesantes secuencias de pirámides bajas y patios característicos del bajío mexicano, y plataformas de distintos tamaños de planta rectangular y circular donde algún día se desplantaron templos construidos con materiales perecederos, articulados por calles y calzadas, conforman esta ciudad arqueológica que colinda con las instalaciones del actual Instituto Tecnológico de Colima. La Campana fue descubierta a inicios del siglo pasado por los arqueólogos José María Gutiérrez y Miguel Galindo, quienes iniciaron los trabajos de recuperación, y ha sido celosamente custodiada y cuidadosamente excavada y restaurada por un profesional equipo del INAH, dirigido atinadamente por la arqueóloga Ana María Jarquín.

El resto de este importante territorio, sembrado copiosamente de estructuras precolombinas de importancia diversa y un gran número de tumbas de tiro —aún por definir—, forman uno de los más importantes centros arqueológicos de nuestro país y del patrimonio histórico y natural de los mexicanos.

Durante varias décadas, las más de 100 hectáreas estuvieron en manos privadas que intentaron construir en este sitio distintos desarrollos inmobiliarios, lo cual hubiera destruido y acabado con este tesoro aún por descubrir de nuestra historia. Afortunadamente, y gracias a la resistencia responsable de los diversos funcionarios del INAH, esto no sucedió.

Uno de los primeros actos del actual gobernador del estado, José Ignacio Peralta, fue comprar este predio para devolverlo al patrimonio de los colimotes, como se conoce a los habitantes de Colima, y de todos los mexicanos.

La visión del gobernador de convertir este selvático microcosmos en un parque donde convivan la naturaleza con la cultura, la educación y el deporte, y donde la riqueza natural y arqueológica se complementen y dialoguen con intervenciones artísticas, científicas y arquitectónicas contemporáneas, ha resonado en los oídos de la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda; el antropólogo Diego Prieto (director del INAH) y la maestra Lidia Camacho (directora del INBA), quienes han manifestado su genuino interés y apoyo por este importante e innovador proyecto, que, sin duda, se convertirá en un referente y un destino turístico de la región del occidente mexicano y en un importante motor de desarrollo económico del estado.

México ha construido varios museos de sitio en diversas zonas arqueológicas, algunos muy buenos (entre otros, Chichén Itzá, Monte Albán o Paquimé) y otros no tanto (por ejemplo, Toniná). Sin embargo, este será el primer proyecto de este tipo en el país, donde coincidan y se retroalimenten la recreación y el estudio, el deporte y el descanso; la historia, las artes y la ciencia; la tradición y la modernidad, el pasado y el futuro de la región y de este gran país.

Después de más de un año de meticulosa y bien coordinada planeación, a cargo de los secretarios José de Jesús Sánchez Romo y Carlos Ramírez, con la intensa participación de todas las instancias de los gobiernos estatal y local, la academia, los gremios de profesionistas, miembros interesados de la sociedad y los representantes locales del INAH e INBA, se han iniciado los trabajos de diseño para crear este nuevo Parque Ecológico y Cultural y Centro de las Artes Colimenses en el corazón de su capital, respetuoso del pasado y con una innovadora visión de futuro. Pronto los colimotes y todos los mexicanos podremos disfrutar de la riqueza natural de la región, incluyendo dos de sus bellos ríos y sus riberas, y podremos gozar, al mismo tiempo que conservar, cuidar y aprender de su variada flora y fauna. Al mismo tiempo, admiraremos la cultura de esta rica región, en un nuevo complejo urbano que reunirá las mejores manifestaciones de las distintas disciplinas artísticas, dotándolas de lugares para la creación, estudio y su mejor expresión, y que consolidará en espacios específicamente diseñados y articulados las ricas colecciones históricas y artísticas del estado ahora dispersas, desde las épocas precolombinas hasta la contemporaneidad.

Las estrellas se han alineado para Colima ¡Enhorabuena!

*Director de TEN Arquitectos y profesor de la UPENN
Correo electrónico: E.Norten@ten-arquitectos.com

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