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Martes , 16.10.2018 / 05:18 Hoy

Columna de Enrique Ibarra Pedroza

Ayotzinapa, 365 días

Enrique Ibarra Pedroza

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A unos días de cumplirse el primer año de la masacre de Ayotzinapa, el problema, lejos de resolverse, continúa siendo uno de los episodios más oscuros y tristes del país porque no sólo no se han esclarecido las causas detrás de los asesinatos de los estudiantes, sino que el malestar social sigue vigente, en aumento y con pocos visos de extinguirse.

De la verdad histórica a la pantomima histórica, la estrategia del Gobierno Federal de que el problema poco a poco se disipara ha tenido un efecto contrario. En una semana, miles de personas volverán a salir a las calles para pedir explicaciones por el asesinato de los normalistas. Ninguna medida ha podido contener el malestar social.

Los resultados de la investigación elaborados por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que echaron por tierra la versión oficial, supusieron un duro revés para el Gobierno Federal, que en los días previos al tercer informe y a los festejos de la Independencia intentó por todos los medios lavar, sin éxito, su imagen.

Ni siquiera la prometida reunión del presidente con los padres de los normalistas, prevista para el 24 de septiembre, ayudará a calmar los ánimos, ni cambiar la imagen de un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos.

El desgaste del Gobierno federal en estos primeros tres años ya es histórico. En los tiempos modernos, no se recuerda a un presidente tan vapuleado por la opinión pública, tan rechazado por el grueso de la sociedad, y tan falto de credibilidad como el actual. Llevan tres años, pero parecen que tienen en Los Pinos más de 10.

La desangelada fiesta del Grito en el Zócalo, repleta de acarreados, con manifestantes abucheando, y con el rumor de que lo mejor hubiera sido cancelar el festejo, son muestras de un Gobierno que parece haber ya claudicado y resignado.

Lo peor, es que cada semana nos llenamos de malas noticias. Ninguna reforma ha cumplido con su cometido, el dólar sigue subiendo, los índices de desempleo e informalidad siguen constante, la inseguridad es un problema no resuelto.

Pero lo peor no es eso. Es esa sensación de indefensión y de que los ciudadanos estamos en una situación de vulnerabilidad. ¿Quién nos garantiza que una masacre de hace un año no puede repetirse.

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