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Lunes , 22.10.2018 / 22:20 Hoy

Del fin de las ideologías al mercado electoral

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Cuando en las dos últimas décadas del siglo anterior Francis Fukuyama planteó el fin de la historia, ante la caída del bloque comunista y la prevalencia del mundo capitalista, fue entendido como la confirmación de los gobiernos liberales que priorizarían las relaciones económicas y los derechos de los ciudadanos.

Era el fin de la historia, al darse por concluida la disputa entre ideologías, que sacudieron al mundo durante la Guerra Fría.

Al margen de las críticas cosechadas posteriormente por Fukuyama, ante los conflictos religiosos, étnicos o económicos que han dado pie para advertir que la historia no era como pensaba, vale la pena recordar sus argumentos ante el caso mexicano.

Rumbo a la elección presidencial, la emergencia electoral del PRD y PAN los ha lanzado a una rara alianza, impensable hace unos años, pero ahora muy necesaria para la subsistencia política.

Es el fin de estos partidos, al menos en las ideologías que antes los separaban, y el surgimiento de un nuevo episodio histórico, donde prevalece un factor económico, al concentrar sus baterías en la ganancia dentro del mercado electoral.

No son los únicos, Morena se ha convertido en una licuadora de ideologías. No importa el político que arribe, basta moler su pasado e ir juntos para hacer historia.

La molienda está en marcha.

En el Estado de México ex panistas como Juan Rodolfo Sánchez y Gabriela Gamboa están perfilados como aspirantes de Morena a dos importantes alcaldías: Toluca y Metepec.

Nuevamente aparece el factor económico, es decir, la importancia de ofrecer productos exitosos o conocidos ante un mercado electoral, donde sería ocioso presentar una visión ortodoxa de Morena.

Sí, primero los pobres, pero antes urge ganar la elección.

Y en el PRI saben conservar el poder. Gracias a su excelente manejo económico del mercado comicial.

Llevan el pulso exacto de la miseria padecida por millones de mexiquenses, lo cual acompañan con la vacuna que calma, pero prolonga el dolor: corporativismo y asistencialismo.

En el tricolor, la ideología queda supeditada a la predominancia de las elites, incluso familiares que ahora fortalecen a ese partido con la llegada de los hijos, hijas y demás descendientes perfilados para alcaldías, diputaciones locales y federales.

Entre los cuestionamientos a Fukuyama destaca el tema de la desigualdad, el fin de la historia no asegura el fin de la inequidad social.

El fin de las ideologías tampoco.

Lo mismo ocurre en el caso mexicano. Mientras partidos y elites muelen o pervierten ideologías para llegar bien nutridos a la vendimia electoral, los ciudadanos desconocen si esta fórmula sirve para disminuir la desigualdad.

La duda inquieta, pues la perene desigualdad es factor que alimenta al mercado electoral.

En otras palabras, la pobreza es condimento necesario para la economía de partidos y candidatos.

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