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Lunes , 24.09.2018 / 13:16 Hoy

La fiesta de las balas

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El encabezado alude al título de una parte del relato escrito por Martín Luis Guzmán incluido en su libro “El Águila y la Serpiente”. En él se describe la actitud sanguinaria del general villista Rodolfo Fierro quien festina el uso del arsenal bélico, probablemente de procedencia estadounidense, al realizar una matanza de prisioneros a diestra y siniestra, durante los hechos ocurridos en la revolución mexicana.

Algo similar a la fiesta de las balas aconteció en los Estados de Guerrero y Sinaloa por el uso y el abuso indiscriminado de armas de fuego en nuestro territorio, al resultar siete personas lesionadas por disparos al aire realizados durante las celebraciones del Año Nuevo. Este mal gusto de celebración, solamente es un mínimo indicador de que armamento en el país existe en aterradora abundancia, pues cada año ingresan a nuestro país 253 mil armas de manera ilegal, no obstante a que el Ejército en 2017 ha logrado asegurar 50 por ciento de armas ilegales más que en el 2016. Con una incautación total de cuatro mil 410 armas.

Sin embargo la introducción de armas de fuego es un delito que prácticamente no se castiga en México por lo que es imprescindible una modificación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, para establecer penas de 10 a 30 años de cárcel no sólo a quien participe en la introducción de armas, municiones, cartuchos, explosivos y materiales tanto de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, como de material armado de uso convencional, y a quien sea descubierto en posesión del citado arsenal para ser sancionado con prisión preventiva sin tener derecho a seguir su proceso penal en libertad condicional.

Ante la situación de violencia extrema que se vive en el país, por el empleo de armas que incrementó el 34 por ciento de homicidios ocurridos en el año pasado, su introducción y posesión debe ser castigada de manera urgente.

Sin embargo actualmente las autoridades en todos los niveles de gobierno en México se encuentran paralizadas para evitar o al menos contener el incremento de homicidios, pues el flujo de armas de fuego al territorio nacional resulta imparable y no existen medidas o acciones por parte de los gobiernos mexicano y estadounidense para tal efecto.

Las cuantiosas utilidades económicas que reciben las fábricas y expendios de armas situados al sur del vecino país, son un factor determinante. También se presume que operarios de las aduanas situadas en ambas fronteras mexicanas, son receptores de ganancias económicas que paga la delincuencia.

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