Política

Imaginación y autoengaño en Marín

  • Columna de Enrique Calderón Alzati
  • Imaginación y autoengaño en Marín
  • Enrique Calderón Alzati

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Por medio de este artículo, escrito a partir de la invitación de Héctor Zamarrón, subdirector editorial de MILENIO, para escribir sobre la consulta, me permito contestar el artículo de Carlos Marín, publicado el lunes 29 de octubre en su columna y titulado “La barbarie se abre paso”, el cual comienza comparando la destrucción de una estatua de Buda en Siria y el Museo de Mosul en Irak, por grupos de fanáticos islámicos, con la consulta convocada por el Presidente electo de nuestro país, como inicio de la transformación, a la que califica de “regresiva” sin más argumentos.

Desde luego la imaginación y la capacidad de autoengaño que encierra esa comparación me parecen sorprendentes, en tanto la relación de esos actos destructivos de monumentos históricos y de alto contenido simbólico con la consulta pacífica convocada por el Presidente electo y la suspensión de una obra gigantesca, que de continuarse no sería otra cosa que un monumento para celebrar el gran negocio inmobiliario de un sexenio que termina hundido en el descrédito y la ignominia.

¿O será quizá que el señor Marín le gusta ver el mundo al revés? Porque al afirmar que la cuarta transformación es regresiva, pareciera referirse a una nueva forma de gobernar, cuya esencia es lograr un cambio para dejar atrás los tiempos en que las decisiones de los gobernantes se hacían en beneficio de los ricos y cuyo precio era siempre pagado por los que menos tienen.

Siguiendo el contenido de su artículo, el distinguido colaborador de este diario utiliza un pleonasmo al referirse a la consulta ciudadana, al informar que los “representantes sociales” celebraron el resultado de la más desconfiable y fraudulenta “consulta popular” de que haya memoria. ¿Acaso podría ser confiable una consulta fraudulenta? Por otra parte, quizá sería necesario que él explicara a sus lectores los argumentos que le permiten afirmar que se trata de una consulta fraudulenta.

La existencia del lago de Texcoco fue un motivo de admiración cuando los primeros españoles lo observaron desde el paso de Cortés, no solo era el lago el que los dejó impresionados, sino el conjunto de poblados que lo circundaban, mostrándoles que el desarrollo de la civilización indígena era algo tan inesperado para ellos, que les dejaba maravillados; nuestro ilustre periodista pareciera ignorar aquel testimonio de los conquistadores al hablar de los “supuestos pueblos originarios” para referirse después a la “patraña de que se recuperará ese lago”, equivocándose al decir “¡desaparecido hace 200 años!”, en virtud de que ese lago existía aún en las primeras décadas del siglo XX y sin tomar en cuenta que la tecnología permite actualmente convertir desiertos en oasis.

En su artículo, el señor Marín se refiere a la posible existencia de actos de corrupción en los contratos licitados para realizar las obras que ahora se verán suspendidas, queriendo ocultar con sus solas palabras los hechos denunciados por altos funcionarios del gobierno en programas de la distinguida comunicadora Carmen Aristegui, lo cual les costó su destitución sin más razón que la complicidad del secretario de Comunicaciones en esos actos; adicionalmente este distinguido comunicador de MILENIO parece olvidar que el mayor acto de corrupción y de utilidades millonarias está en la especulación con las tierras vecinas al aeropuerto ahora cancelado, en donde los inversionistas (seguramente asociados a Peña Nieto) se imaginaron las enormes ganancias que esas tierras les producirían.

En términos generales me parece que Carlos Marín está profundamente enojado por la decisión previsible de nuestro Presidente electo, luego de conocerse los resultados de la consulta ¿será que ella le afecta en sus intereses económicos personales?

* Presidente de la fundación Rosenblueth

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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