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Crónica

El debut de Quinceúñas

Emiliano Pérez Cruz

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Sí, en el barrio los ñiños hacen cuentas: no me porté tan mal; o poquito, pero no mucho: de todos modos escribiré mi carta. Pese al billete escaso después de Navidá y Año Nuevo, la de hoy será Noche de Reyes. Los tianguis callejeros donde éstos se surten lucen rete llenos de relleno. Conviven la edad de piedra y la tecnología digital aplicada al mundo de juguete: carritos de madera, arcos y flechas, ballestas, pistolas, megametralladoras para emular al narcopoder; bicis, patinetas, muñecas, consolas con videojuegos, tabletas, celulares con aplicaciones que a los beibis traen perdidos en el mundo virtual, diestros con los dedos sobre teclados y controles.

Hay poca lana. Y viene el retache a clases: una feriecita p’al camión, otra pa’ la torta y el chesco a la hora del recreo. Luego, que la monografía, la fotocopia, y la abuela: de canasto y con rebozo de bolita,/ se ha enojado/ por lo caro que está todo en el mercado. Como sea, habrá regalo de Reyes. Como en este recuerdo de hace 38 años… ¿actual?



***

Ya desdendenantes los cuates sabíamos que al Ramón se lo llevaba el tren: sus chavitos lo traiban juido con aquello de: Papi, si el tal Santaclós ni nos peló los dientes, ¿verdá que los Santos Reyes sí se van a poner a mano con dos-tres regalitos? No nos vayas a salir conque tampoco existen, porque entons sí estamos amolados. Ya ves, a los vecinos de enfrente el viejito panzón coyoyayo les dio sus biciburras y triciclos, y a las chavitas sus muñecas que hacen del dos y piden de papear. Y a nos: nada.

Cada que su docena de chavitos rodeaba al Ramón diciéndole que ya habían visto en la tele lo que l’iban a pedir a don Melcho, Balta y Gasparín, hacía que la Virgen le hablaba y les decía, nomás pa’ aplacarlos: Simondor, enanos, los Tres Rellenos Mágicos se van a alivianar en nuestro cantón, ustedes tranquilinos, no se desesperen”.

Y es que estuvo confiado en que su patrón s’iba a poner a mano con el aguinaldo, de perdis con lo de la indemnización que le debía por los dedocles que perdió en la fresadora, al quedarse dormido cuando se aventó los tres turnos al hilo en el taller. Pero nanay. Le salieron conque la empresa trabajaba con números rojos casi desde que se fundó. Y el Ramón se la creía.

S’hizo a l’idea que, cuando menos, le prestarían unos cuantos varitos pa’ que saliera del compromiso que se había echado con la bodoquiza. Pero pasó Navidá, y Año Nuevo. Y nada de nada, nomás llegaba a la pulcata a aventarse su acostumbrado kilate de babadrai y se clavaba en la mesa. Ya no se emocionaba tirándole con ganas a la rayuela ni se picaba jugando dominó de a cubeta de cuatro litros. Estaba como enloquecido, pero lo pior: con nadie se sinceraba, sabía que estábamos igual de pránganas.

Pero el día 5 de enebrio las cosas se le aclararon. Estaba lelo, lelo con ganas, cuando de repente dio un salto que le valió dos que tres mentadas, porque echó al suelo los tornillos de dos tres vales. ¿Y ora, que te picó, mi buen Ramón? Nada, es que de repente me acordeón que ya tengo seguro sucial, claro que me están descontando buena lana, pero pus vale la pena. Ora es cuando me voy a desquitar, dijo y de la pura emoción pidió un kilo de curado de avena y se lo aventó sin decir salucita de la güena.

Le perdimos la pista los días que siguieron, y hasta hoy volvimos a saber de él. Pensamos que su suerte había cambiado, porque ayer, día de los Reyes Magos vimos a sus enanos dándose gusto en la tierra arrastrando sus carricoches de lámina, los chavos, y las chavitas presumiendo sus muñecotas de ojos azules y pelos de elote.

Los de la flota nos pusimos de acuerdo pa’ darle el sablazo en cuanto lo viéramos, o de perdis hacer que pagara una tanda pa’ tochos sin distinción de sexo u edá. Ya lo veíamos venir levantando la polvadera, bien peinadito, con trapitos nuevos, oliendo a puritito Avón Llama, con sus Canadá rechinando de nuevecitos y puede que hasta con un pomito de brandy Presi en la bolsa del saco, porque la neta es que aunque sea de triple uso, le ha gustado andar como el Daví Silva de nuestro táim.

Muchos eran de la opinión de que cuando se parara por estos terregales ni un lazo de marrano nos iba a echar, porque lo que’s el poderoso caballeiro: cambia a las gentes pero si a la gacha. Va’star pero si hasta atrás de pesado, decían los más experimentados. Pero pus la lucha no la dejaríamos de hacer.

Y de su ñora, ni qué decir. De por sí tochos decían que era rete apretada, que no se juntaba con los pobres, que le daba cisca entrar a Mi ranchito a parlar con la ñoda Pancha o la Galleta, o de perdis con la esposa de Arias, el dueño de la pulcata. Total, que Ramón nos tenía en suspenso.

Pero lo que son las cosas, neta. Nosotros comiendo gente y que entra de volón la ñoda Rita diciendo que éramos unos chinches briagobertos, que en la cama y en la cárcel blablablá y que por qué no íbamos a visitar al Ramón que estaba debutando en la Cruz Roja como quinceúñas, porque cuando se vio sin lana pa’l día de Reyes, dobleteó turno en el taller, y hasta’l torno le estaba dando con fe y pulía rete sabroso tocho lo que le llegaba y nomás vio que el patrón se descuidó y pácatelas, que se deja ir con la manopla izquierda en la maquinota y hasta a los demás vales salpicó de moronga. Dicen que ni le dolía nomás de pensar que si por unos dedocles l’iban a dar unos cuantos varos, por los cinco iba a dejar de camellar un ratón. La bronca fue que, según él, el chif se dio color: rajó leña diciendo: Lo hizo adrede.

Sus vales se las olieron y de volón hicieron la coperacha. Fue con lo que su ñora compró los juguetes, porque el patrón nomás se’staba clavando lo de las cuotas del seguro y era piña tocho. Pero pus dicen que orita está rete feliz porque sus enanos se entretienen a tochas móders con sus Plastimarx y sus Lili Ledy que los chavitos vicentiaban en la tele. Su ñora lo consuela diciéndole que ya no se va a cansar tanto sacándose la mugre de tantas uñas. (La garrapata. El azote de los bueyes, núm. 38, 1981.).

* Escritor. Cronista de Neza

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