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Lunes , 16.07.2018 / 14:25 Hoy

Columna de Efrén Vázquez Esquivel

¿Golpe de estado o golpe del mercado?

Efrén Vázquez Esquivel

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No obstante que la crisis económica incentivó la crisis política y constitucional, consecuencia de la fragmentación partidista y errores políticos de Dilma Rousseff, hay que decir que, contrario a lo que ella dice, no se trata de un golpe de Estado. Procesar y juzgar al Presidente de la República es algo que está previsto en el artículo 52, fracción I y el parágrafo único de la fracción XIV de la Constitución de Brasil.

Algo más que hay que aclarar es que el impeachment (juicio político) al que fue sometida la presidenta brasileña, no es un proceso jurídico, sino unirracional proceso político. Cierto: el artículo 52, párrafo único, con relación al 85, establece que el Senado, en su función de jurado, tendrá como presidente el del Supremo Tribunal Federal STF); pero aquí los argumentos no cuentan, sólo los votos, y el STF sólo aparece como figura decorativa, razón por la cual, el impeachment es el acto ritual y político de mayor desborde de pasiones de los brasileños, tal vez superior al carnaval de Río de Janeiro.

Pero no es, como dice Dilma, un sofisticado golpe de Estado, sino más bien de un duro golpe del mercado. La probable ex presidenta ha sido víctima de la globalización neoliberal, la cual ha producido efectos devastadores en Brasil. Atrás quedó el sueño del Foro de Porto Alegre, efectuado del 25 al 30 de enero de 2001, poco antes del comienzo del gobierno de Lula da Silva, que proclamaba que otro mundo es posible.

Bajo la égida de Porto Alegre, se inscribió a Brasil en el grupo de economías emergentes, llamado los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), en el que la economía brasileña ocupó un lugar como proveedor de recursos y de manufacturas.

El empuje de los países periféricos durante los últimos años se vino debilitando, con el decrecimiento de la economía china; durante la última década ésta crecía en promedio 10 por ciento. Pero a partir del año 2014 comenzó un ritmo de 7 por ciento de crecimiento anual, hecho que vino a repercutir en las economías de Sudamérica, entre ellas la de Brasil. Aunado a ello, el pinchazo a la segunda burbuja de los petrodólares, vino a mermar las finanzas brasileñas. (Carlos Gustavo, y otros, La globalización desde abajo: la otra economía mundial, FCE y Colegio de México).

El protagonismo judicial brasileño, poco estudiado, también es responsable de que la crisis haya llegado hasta la norma que funda el sistema político brasileño: la Constitución. Pues fueron los integrantes del Poder Judicial quienes diseñaron la Constitución de 1988. Por tanto, además del golpe del mercado que desmoronó al gobierno de Dilma, contribuyó también a esta empresa desestabilizadora una deficiente ingeniería constitucional.

En efecto, en un sistema presidencial, en el que el presidente legitima su mandato a través del voto universal, directo y secreto, la facultad otorgada al Senado para revocar el mandato al presidente, es un exceso. Pues, en términos de racionalidad, ese derecho es de los ciudadanos.

¿Pero qué es lo que se perdería en Brasil con el posible triunfo de las derechas? En primer lugar, la posibilidad de una mejor distribución de la riqueza, que es lo que caracterizó la política del gobierno del PT, con Lula; y en segundo, se deterioraría la democracia representativa que los brasileiros lograron construir en las últimas tres décadas, después de haber derribado pacíficamente el autoritarismo que, desde 1964, se instaló por medio de un golpe de Estado militar.

Efrén Vázquez Esquivel

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