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Miércoles , 15.08.2018 / 13:01 Hoy

Violencia política

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El primer mes del año electoral en donde se decidirá el futuro político del país para los siguientes años trajo consigo una escalada de violencia política en todos los niveles.

Las asignaturas de espacios en donde personajes de todos los partidos, los líderes y sus cúpulas, repartieron las rebanadas del pastel a hornearse de aquí al 1 de julio, ya dejó pleitos, rupturas, enemistades, nuevas alianzas y un sinfín de teorías de la conspiración.

Una de ellas, quizá la más famosa, polémica y comentada, es la que protagoniza el denominado Grupo Hidalgo que no es más que los políticos hidalguenses que ocuparon muchos espacios en el gobierno federal con la llegada del PRI en 2012 a la Presidencia y el nombramiento de Miguel Ángel Osorio Chong como secretario de Gobernación.

Fueron 5 años de liderazgo y toma de decisiones que desde las altas esferas del poder tuvieron en sus manos delegados federales, comisionados y comisionados, parlamentarios, magistrados, asesores, coordinadores, estrategas y todos los personajes, mujeres y hombres, que formaron equipo con el ex gobernador de Hidalgo o con alguna de sus gentes.

Llegada la hora de apuntalar a sus aspirantes a la Presidencia a finales del año pasado, el PRI tenía precisamente en Osorio a uno de sus principales activos políticos, a la par de nombres como los de otros grupos y expresiones políticas (sí, en el PRI también hay tribus) que a la postre atestiguamos con la designación de José Antonio Meade como precandidato tricolor a Los Pinos.

Recuerdo mucho una situación similar a la ocurrida con los guanajuatenses del 2000 al 2006 quienes en los cuernos de la luna foxista nunca creyeron que se iba a acabar el poder.

Sin embargo, acá la situación no quedó en una designación y todos contentos. Desde el no nombramiento de Osorio como aspirante a la Presidencia, una ola y escalada de violencia política se ha presentado como aserradero para el árbol caído.

Como por obra y arte de magia, cuando nunca ocurrió en 5 años, vemos golpes e impactos diarios en contra de todo lo que sea, represente o se parezca a Hidalgo. Incluso el nombre de Pachuca también ha sido llevado al debate en medios cuando jamás se le había puesto la atención a casos multicomentados históricamente.

Pegarle al Grupo Hidalgo se convirtió en este 2018 en un juego riesgoso, ahora quienes encabezan la cruzada deberán responder con los resultados en las urnas y ahí es donde muchos terminan pagando o saldando cuentas pendientes.

Conozco la trayectoria de la mayoría de quienes integran el Grupo Hidalgo y no es la primera vez que enfrentan algo; ayer me decían que este 2018 se parece tanto a aquel 2006 cuando también hubo un cisma mediático y político en torno al estado, sus personajes y candidatos.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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