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Martes , 25.09.2018 / 12:51 Hoy

Intelecto opuesto

Un país de locos

Eduardo González

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Lo que nos falta en México es ser diagnosticados con locura terminal, porque todo nos enloquece.

No puede salir una nueva moda o un estilo renovado porque todo mundo se abalanza sobre ello; no puede haber un personaje de actualidad sin que estemos detrás persiguiéndolo hasta imitarlo.

Lo mismo con la política, no puede abrirse la puerta a una opción como punto de fuga porque ahí vamos todos y nos metemos hasta hacerla estallar.

Algo parecido pasó ayer con Morena en todo el país y el triunfo virtual de Andrés Manuel López Obrador. Primero todos los odiaban y ahora todos votaron por él, o al menos la gran mayoría.

Después todo lo troleaban y ahora lo defienden a capa y espada. Nuestra locura es inefable, como sacada de un cuento de hadas.

Hoy, México ya tiene Presidente electo y parece que no hay más autoridad que la que va a entrar en diciembre. Noticias, hay un gobierno en turno que debería estar presente en todos los aspectos de la vida pero no, está en “veda electoral permanente”.

Ayer criticaba a todos filósofos de las redes sociales que se dedicaron a esgrimir el discurso y promesas del ganador de la contienda presidencial, puesto que los mismos planteamientos de cumplir con las promesas de campaña y con los programas y proyectos para el país, son los que deberían estarse ejecutando y no en espera de que llegue alguien hasta finales del año.

Nuestra locura se expande al creer que por lo que votamos nos va a llevar a la redención, o bien a la reconciliación como dijo López Obrador.

Como sea, el mandato ciudadano ha dicho quién será el nuevo mandatario nacional de aquí al 2024, y eso ya nadie lo puede revertir.

Lo curioso es que ni los efectos mágicos de la cargada política y mediática, ni los polvos de la distracción pudieron hacer nada en el votante que ayer demostró más inteligencia que elocuencia. O ambas cosas pero en una mezcla eficaz.

Durante las campañas vimos a mucha gente apoyar a los candidatos de uno y otro partido, salían en todas las fotos y selfies con uno y otro, de todos los colores y sabores, pero a la hora de votar, ya vimos quien se llevó el aparente carro completo.

Desafiar la inteligencia o los intereses de quienes deciden en las urnas ya le costó muy caro al partido en el poder federal y a sus aliados; no hubo suficientes argumentos ni tiempo para poder darle vuelta al pensamiento y mal humor social de la gente, simplemente, no hubo tiempo.

Ahora los que dicen y llaman a respetar los resultados, estarán en un punto en donde tendrán que decidir si violentar el proceso o alargarlo en tribunales, o dejar las cosas como están y dedicarse a reconstruir lo que se perdió en el camino de una campaña sinuosa, llena de dificultades y muchas hostilidades.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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