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Sábado , 20.10.2018 / 19:16 Hoy

Intelecto opuesto

Un México revolucionario

Eduardo González

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A 106 años del inicio de la Revolución Mexicana las cosas distan de ser diferentes a lo que se buscaba como parte de los estandartes de lucha y libertad de inicios del siglo pasado.

Si bien la realidad en nuestros días no es la que originó el levantamiento armado de aquellos tiempos, las circunstancias y discursos se asemejan demasiado: la vulnerabilidad de las instituciones del estado, la justicia que se ejerce y no se imparte, los índices de marginación y la calidad de vida del mexicano que siempre muestra detalles a combatir pero que representan flagelos de más de un siglo que persisten en nuestras comunidades.

El campo, el área de batalla y bandera política por la que se formaron escuadrones de civiles, sigue teniendo carencias y debilidades para ser el motor de la economía del país; la reforma agraria que repartió a placer los territorios no fue la solución al final de cuentas y los muertos y sangre derrama en la lucha revolucionaria no fue sino un motivo para que se conformara el actual sistema político y legal que nos hace año con año conmemorar a la figura de los personajes que nos demostraron que ningún camino acompañado de violencia conduce a la mejora.

A 106 años, en México –y lo repito cada 12 meses- se siguen arreglando las cosas a balazos. Como en las batallas que nos cuentan que ocurrieron en pueblos de la sierra de Hidalgo, en el Valle del Mezquital donde arrasaban el Ejército y los jinetes de la Revolución; en donde morían niños y ancianos, donde las mujeres eran robadas, donde quien tenía más parque y gente se quedaba con propiedades y casas. El mismo México de la injusticia revolucionaria es el mismo donde hoy hay “justicieros” que matan a ladrones, donde hay un Ejército que tiene bajos niveles de confianza con la población, en donde las autoridades de todos los niveles carecen del voto de las mayorías y en donde todos somos parte de un sistema que solo gira y regresa al mismo lugar.

El México de 106 años después de la Revolución quizá no es el más glorioso, pero es el sitio que intentamos rescatar generación tras generación; de 1910 a la fecha han pasado cosas de todo tipo como matanzas estudiantiles, desapariciones forzadas, guerra sucia, expropiaciones, devaluaciones, democratizaciones, separaciones y uniones.

El país ha caminado por la voluntad y trabajo de su gente; el timón ha cambiado de capitán muchas veces más no de formas.

Un México revolucionario es una utopía que nos hace reflexionar en este día que no es por la vía del levantamiento armado o de la aprobación de reformas o de la legalización de las drogas o de la portación de pistolas en la vía pública como vamos a conseguir mejorar la paz y el futuro a nuestros hijos. Un México revolucionario es un pensamiento con el que debemos vivir, soñar, y buscar actuar dentro de nuestras propias realidades. Quizá así sí funcione una revolución.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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