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Intelecto opuesto

Última llamada

Eduardo González

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Ayer en Hidalgo comenzó lo que podría ser el último llamado al grito de guerra de una campaña que desesperadamente busca despertar las conciencias de un pueblo que cree que no hay más que esperar un cambio sin hacer nada por conseguirlo.

La campaña presidencial se detuvo en el tiempo y espacio de los pueblos y comunidades del interior del país, donde se percibe todo de forma diferente a lo que ocurre en la Ciudad de México y la zona metropolitana; quizá allá exista movimiento diario y anuncios espectaculares por todos lados, pero en muchas partes ya no.

¿Qué fue lo que pasó?, en el momento en que comenzó a llenar la mente de la gente el mensaje de que todo estaba decidido y que no había más por hacer con encuestas que dan por encima y como ganador a Andrés Manuel López Obrador.

¿Es posible derrotar a AMLO?, es la pregunta que muchos se hace. Y sí. A pesar de que en México nuestro antecedente inmediato fue la elección del Presidente Peña Nieto quien avasalló en las encuestas toda la campaña y posteriormente ganó la elección con una ventaja irrefutable, el constante cambio en las dinámicas democráticas hacen de esta votación un ejemplo para los nuevos procesos.

Lo vemos con ejemplos como los de América Latina donde se han dado volteretas en las urnas –fuera del caso de Venezuela donde no hay elecciones reales- y con resultados que han mostrado que la gente expresa sus sentimientos en las urnas.

En Estados Unidos las encuestas daban como ganadora a Hillary por alrededor de 6 puntos. Una persona carismática, socialmente popular, con apertura a políticas públicas como la legalización de la mariguana, la despenalización del aborto, una mujer progresista. Que terminó perdiendo con el más conservador empresario del mundo quien ahora gobierna el país vecinos del norte. Se habla también de ejemplos como Costa Rica, como Guatemala, la propia Uruguay quien tanto enarboló la figura de su presidente José Mujica, un ex guerrillero que terminó cediendo el poder de nueva cuenta a una izquierda moderada como la de Tabaré Vázquez; y así, son muchos los ejemplos donde podemos ver que la expresión real de las urnas no depende al 100 por ciento de una campaña, sino de llegar a los corazones y sentimientos de un pueblo para responder a sus necesidades.

En Hidalgo, ayer se reunieron casi mil 500 priistas que refrendaron su lealtad al proyecto de José Antonio Meade, con Miguel Ángel Osorio Chong a la cabeza para el Senado, con un mensaje que ya no habla de lo político, de las obras y de las acciones, sino de los sentimientos, de la imperiosa urgencia de contar con algo en que poderse sostener y no llegar a ciegas el 1 de julio.

Los priistas parecen haber entendido ya el mensaje de que sí le pueden ganar a López Obrador, que sí pueden remontar si llegan al sentimiento y no al pensamiento técnico, cuadrado. El PRI comenzó apenas su campaña a la Presidencia, y será un cierre con posibles volteretas donde se darán cuenta que las cosas no son lo que parecen y que no hay ningún arroz cocido.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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