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Intelecto opuesto

Serénense todos

Eduardo González

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Al más puro estilo de las frases de Andrés Manuel López Obrador como “la venganza no es lo mío”, o “serénense”, los férreos seguidores del tabasqueños comienzan a caer presas del nerviosismo por un escenario desconocido, incluso hasta para el candidato a Palacio Nacional (porque ya dijo que de ganar no llegará a Los Pinos).

Me refiero al término de las campañas con una ventaja en las encuestas inusitada, algo que a todas luces no se tenía presupuestado, algo que no estaba escrito en el guion de la elección.

Por ello entre la guerra por Internet, intercambio álgido de comentarios –la mayoría de descrédito hacia los que no piensan como ellos- y pleitos en las calles, mercados, a la hora de la comida, y en el transporte público, se muerden las uñas por llegar al domingo y que nada extraño pase de aquí al 1 de julio.

Ayer, en Morelia, Andrés Manuel López Obrador insistió en que es “inevitable” que gane la contienda presidencial así no lo quieran sus adversarios y que van a tener que ponerle la banda presidencial el 1 de diciembre.

La enorme confianza del aspirante dista mucho de lo que dicen y hacen sus correligionarios, pero más sus seguidores, sus fans, sus leales desde 2000 y 2006. A ellos no les alumbra la luz del sol y andan como si tuvieran un hijo preso.

¿Cómo podría gestarse un fraude electoral de aquí al domingo en México?, ¿qué tendría que pasar para que una persona cambie el sentido de su voto si es que según está “hasta la madre”?

No creo en casualidades y al parecer los seguidores de AMLO tampoco; por eso en el manual de elucubraciones se tienen argumentos como el que ya todo está arreglado para que no gane quien debe de ganar; o que el domingo en la noche el propio sistema binario estará codificado de cierta forma que los algoritmos darán como ganador a Anaya, El Bronco o a Meade.

Por ellos, por los propios incrédulos del triunfo de su candidato, es que pasan las grandes tragedias electorales; y lo digo así porque si pierde AMLO el asunto será visto como una afrenta de vida o muerte.

El famoso pacto de sangre y fuego que también dicen ya hizo López Obrador, con el PRI y la famosa mafia del poder, también es parte de las especulaciones que se plantean en redes sociales y corrillos políticos. Hay más chance de que gane México el Mundial, a que AMLO gane la elección presidencial, escuché ayer antes de escribir esta columna.

Los seguidores de AMLO requieren hoy más que nunca de amor y comprensión; no la están pasando bien y pueden enfermarse si no se dan las cosas como ellos quieren. No importa si gana el PRI o el PAN en todos los estados, mientras gane Obrador, todo estará mejor, parecen pensar.

También no todo es su culpa. Muchos nuevos votantes no han analizado el comportamiento del elector mexicano de 2012, 2006 y 2000; ahí encontrará quizá una respuesta de cómo vota el mexicano, cómo es que ganaron los que terminaron siendo presidentes y cuál podría ser el destino de la contienda del próximo domingo.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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