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Intelecto opuesto

Religión y realidad

Eduardo González

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Lo necesario que es para los que vivimos dentro de un núcleo social el saberse parte de un propósito nos hace encontrarle sentido a las cosas, en suma, a la vida.

En estos días donde se conmemora un año más de existencia humana como parte del milagro divino de la creación, nos damos cuenta que la realidad supera a la religión. Y no es poca cosa.

Sumidos dentro de un pantano de situaciones hilarantes que nos hacen las horas del día, nos olvidamos de todos los agravios que padecemos y de todo lo que se nos ha hecho. Salimos a festejar a la luz del sol que estamos listos para lo que viene, sea lo que sea.

Y la realidad, nos pega siempre de frente en la cara. Como un balde con agua con el que nos despiertan, es como nos damos cuenta de que hemos sido olvidados por quienes prometieron rescatarnos, o por nosotros mismos que alguna vez nos prometimos salvación.

La Semana Santa no es el despertar de la conciencia sino el camino a meditar, a buscar preservar lo que se nos va con cada instante que dejamos que pasen los tiempos. Hoy, en otro momento más de decisión frente a nuestras responsabilidades, pedimos al más allá nos sea iluminado el andar para no equivocarnos.

Sí, somos seres humanos con errores, pero también hemos hecho poco por corregirlos. Y así vemos como pasan los años y no cambia nada. Ni en la política, ni en la religión, ni en la realidad.

¿Son acaso pares la creencia y la incidencia?, porque de no serlo es probable que tengan alguna conexión metafísica que solo percibimos por lo que ocurre.

Creemos en alguien y por eso lo arropamos, lo impulsamos, lo vemos como él o la líder que nos guiará al éxito; pero luego los hechos nos hacen ver otra cosa, es la realidad, pero de todas formas ahí estamos, fieles a una causa.

Perder la esperanza no es una opción a considerar; tampoco el retirarse y dejar que otros decidan, es como saber que mañana no vamos a tener que comer, pero aun así estar empecinado en no mover nada para buscar el sustento.

Son horas de pensar y decidir, de buscar ser agentes de un cambio que necesitamos y que nos es demandado. No solemos expresarnos con nosotros mismos, y eso es un retroceso en la etapa de la evolución donde nos encontramos.

La realidad es simple: vivimos acosados por nuestras propias barreras y somos lo que hay, no damos para más; pero sí podemos decidir el siguiente paso, ese, es el que puede significar el inicio de lo que tanto anhelamos. Dejar atrás la realidad y creer.

En estos días donde se encuentran la religión y la realidad, echemos campanas al vuelo y pensemos cómo podría ser nuestra vida en unos meses más, cómo queremos que sea y qué estamos dispuestos a hacer para cambiarla.

Nada nos cuesta detener el camino, que no siempre por ser el andado es el mejor o el mismo.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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