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Intelecto opuesto

¿Qué país queremos?

Eduardo González

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Hoy todos los mexicanos inscritos en el padrón nacional de electores tenemos una cita con una de las obligaciones constitucionales más importantes que tenemos: votar.

Como muchos de los preceptos de nuestra Constitución Política, que son mandato legal y ordenamiento para la regulación del orden y la vida, el sufragio efectivo es una de los derechos a los que nos hicieron acreedores los padres de la patria.

Se supone que como la libertad de expresión, la portación legal de un arma, la revocación de mandato y muchas enmiendas más, el voto representa una de las mayores oportunidades de participación y de hacer visible la voz del pueblo.

En este sentido, donde idealmente el pueblo pone y el pueblo quita, la política debería estar relegada a segundo o tercer plano; como en los ejidos y pueblos, los que deciden son los patriarcas y líderes de las comunidades, los representantes populares que de verdad son electos por la mayoría del pueblo.

Sin embargo en México tenemos que vivir sometidos a un sistema de partidos que convocan a elecciones, a una especie de organismo que se dice ser “ciudadano”, para que votemos y tengamos representación y autoridades por encima de nosotros –oh pueblo incapaz de pensar y manejarse por sí solo-, donde únicamente requieren de nuestra participación cada 6, cada 3, cada que ellos organicen elecciones.

En este punto vale reflexionar sobre si en verdad vale la pena votar, participar activamente en sociedad y política, o simplemente opinar. La realidad querido lector es que sí, siendo la única vía de poder intervenir en lo que tanto nos aqueja, debe uno jugar en el tablero ajeno, o como se dice en el futbol, de visitante.

Para ello hoy 1 de julio tenemos la única oportunidad que se nos presenta, por el momento, para poder elegir a un nuevo Presidente. A la par hay que elegir dentro del menú impuesto a diputados federales, locales, senadores y en otros estados hasta gobernadores. Ni modo.

Pero no todo está perdido, gane quien gane o pierda quien pierda, usted, yo y millones de mexicanos más tendremos que levantarnos mañana como cada día a laborar, a dejar el alma y la vida en la oficina, en el taxi, en las calles. Meses después, cuando entre el nuevo titular del Ejecutivo, usted, yo y millones habremos de haber acumulado más de 150 días de trabajo con miles de horas devengadas para ganar un salario y pagar impuestos, consumir en exceso, compartir fake news, enfermarnos y saturar el sistema de salud.

¿Y el país?, bien gracias; con niveles diferentes a como se recibió hace seis años, en 2012.

Por lo demás, no se angustie, hay Mundial para unos días más, y puede que México gane este lunes a Brasil, y saldremos a festejar como si nada nos importara, porque en efecto, fuera de nuestras más grandes pasiones, nada realmente nos importa.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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