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Sábado , 23.06.2018 / 23:01 Hoy

¿Qué hacer con la violencia?

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El inicio de año trajo consigo una ola de violencia en todo el país con crímenes, delincuencia, robos, saqueos, enfrentamientos, huachicol, narcotráfico, disparos de armas de fuego, secuestros y extorsiones y todo lo que debemos padecer los mexicanos desde hace ya bastante tiempo.

El fenómeno de la violencia se concibe en nuestro país como un problema social ligado a la pobreza y falta de oportunidades, a la brecha de desigualdad, que obliga a la gente a buscar salidas o alternativas fáciles para buscar sobrevivir, obteniendo recursos a costa de actos ilegales.

Lo anterior ha provocado el florecimiento de toda actividad relacionada con el hampa, en todos los niveles, alimentada por la corrupción, la delincuencia ha ganado terreno en todas las áreas de la estructura organizaciones y administrativa de los tres niveles de gobierno.

Luis de la Barreda, coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM, informó que en México la medición de la criminalidad se basa en las denuncias registradas en las agencias del ministerio público, las cuales regularmente no indican la magnitud real del fenómeno delictivo, debido a que solamente se declaran uno de cada cinco delitos.

De acuerdo con el artículo “Violencia en México: realidades y perspectivas” de Sigrid Arzt y Guillermo Vázquez del Mercado, publicado por el CIDE en los albores del calderonato y la guerra contra el narcotráfico, ya se identificaba a la violencia como el resultado de una precaria estructura municipal de seguridad para atender el problema.

“Los estados se han situado en un contexto de confort donde todo acto violento es calificado, sin ton ni son, como vinculado al tráfico de drogas, y por consiguiente las autoridades locales y estatales claudican ante su responsabilidad de servir a sus gobernados, de investigar, examinar y actuar en consecuencia, con respecto a los homicidios dolosos que se suceden en su extensión territorial”, explican los investigadores.

Desde ese entonces, 2007-2008, se propuso tanto a nivel académico como político –como citan en el ensayo- “el alineamiento certero, sistemático y de largo aliento de las autoridades estatales y municipales en la construcción y modernización de sus capacidades de seguridad y procuración de justicia. Aunado a lo anterior, las estrategias de prevención del delito y de la violencia son clave para reconstruir la confianza en la relación Estado-sociedad. En segundo lugar, se debe desplegar una capacidad real de presencia policial y disminución paulatina del despliegue militar”.

Nada de lo dicho, escrito, pensado y esbozado, parece servir para lo que hoy conocemos como la inmensa realidad violenta mexicana que con o sin políticas públicas, soldados, marinos, policías, armas, pactos de sangre y fuego, narcoseries, prevención, parece detener la mancha roja sobre la nación.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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