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Lunes , 22.10.2018 / 22:30 Hoy

Intelecto opuesto

“La venganza no es lo mío”

Eduardo González

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El ánimo revanchista que distingue al político por antonomasia en México no parece estar en el radar del ganador de la elección presidencial, pero sí en el de quienes lo acompañaron por conveniencia o traición a sus ideales.

Y es que, mientras Andrés Manuel López Obrador dice una cosa, en las regiones, en los estados, en los pueblos y municipios se hace otra.

No hace falta irse lejos, tan solo lean los mensajes en redes sociales entre morenistas y priistas; hay una rabia contenida en ambos frentes que se han olvidado muy rápido de la famosa reconciliación.

Mientras el país sigue su curso natural, donde una pasmosa calma aparenta paz social y acuerdos en las altas esferas del poder, por abajo se siguen dando de catorrazos todos los involucrados en la caída del imperio tricolor, o en el fracaso de la alianza maldita entre el PAN y PRD.

La repartición de culpas apenas empieza y parece que durará un buen rato mientras no se desdigan quienes hace una semana clamaban justicia para los suyos. Justicia que no llegó en las urnas y que constituye un mensaje demoledor de la sociedad para con los políticos.

No, Andrés Manuel y Morena no parecen ser la gran solución del país; pero sirvieron como instrumento de castigo y reprimenda para los que dejaron ir a militantes, para los que no vieron más allá de su primer círculo.

El candidato electo a la Presidencia dijo durante mucho tiempo en la campaña que no llegaría con ánimo revanchista, que la venganza no es lo suyo. Se busca justicia no venganza “y en su momento”, fueron las frases que reiteradamente dijo López Obrador antes de encumbrarse en su triunfo del domingo pasado.

Tiene razón en dos aspectos postelectorales: el no ocuparse de los pruritos personales de forma inmediata y en dejar que sean los propios derrotados de la elección quienes se desgañiten y terminen acabándose unos contra otros.

Ayer cuestioné en este espacio sobre quién se responsabilizará de los despojos políticos que quedaron tras la votación; y la pregunta sigue en el aire; nadie sale a dar la cara.

La reconstrucción del PRI, del PAN, del PRD –no cuento más porque el resto desaparecerá o terminará desapareciendo en otra elección más- empezó con la fundación de la propia organización de Morena; no lo digo yo, lo dicen analistas políticos nacionales y todo quien habla de lo ocurrido el 1 de julio.

¿Quién tomará la batuta entonces?, ¿serán los gobernadores que le quedan al PRI?, ¿será el bloque mexiquense que heredará el Presidente Enrique Peña Nieto en San Lázaro y el Senado?, ¿será el regreso de Ricardo Anaya al PAN nacional y la reincorporación de personajes como Margarita Zavala y Felipe Calderón?

Por lo pronto Morena y su candidato ganador y próximo Presidente no piensan en partidos, sino en cómo recibirán el país a partir de diciembre. Ya habrá tiempo para revanchas.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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