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Viernes , 22.06.2018 / 03:21 Hoy

Intelecto opuesto

La revolución de Fidel

Eduardo González

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No hacen falta más detalles o palabras para definir lo que representó la era de Fidel Castro para Cuba y América Latina.

Su legado, para bien o para mal, ya es parte de la historia moderna del último siglo y sobre todo, es parte de la vida en la actualidad de cientos de miles de seres humanos que sobrevivieron de 1959 a la fecha: abuelos, padres, madres, hijos y nietos de la revolución cubana y de la herencia de la lucha latinoamericana que envuelve al espíritu que siempre ha caracterizado a los países como México, Venezuela, Colombia, Argentina, Brasil, Chile, y todos los pueblos que se han formado tras movimientos sociales y militares.

El último gran socialista, el padre del Partido Comunista cubano, quien derrocó al poder militar que reinaba la isla por una década para instaurarse por casi 50 años, deja una marca registrada en la forma de hacer patria y gobierno.

Modelo para muchos y mal ejemplo para los que no coincidieron con sus maneras. Y es que ninguna dictadura jamás será buena; la guerra destruye a pueblos y ciudades, deja a su paso muerte y destrucción. Así llegaron al gobierno en Cuba el ejército de Fidel y los suyos. Todos ya lejos de aquí. El Ché y Camilo, los hombres y mujeres que los acompañaron, los que a la postre les siguieron en idea y formación. La Habana jamás fue la misma ciudad donde corría la música y el humo del fino tabaco.

Quizá ya tenía mucho que había sido derrocado, pues el capitalismo se había anclado en Rusia, en Polonia, en Berlín, en Varadero y lo demás era puro espejismo, puro guardar las formas.

Aún así se mantuvo como referente del pensamiento disidente, de la contra corriente y el anti imperialismo que para él fue bandera más no predicación.

En México sí extrañaremos al Fidel de la revolución, al que enseñan en aulas y muestran en libros de historia. Quizá la misma no le haga justicia pero lo único seguro es que tendrá para sí un tiempo y una época donde nadie podrá reemplazarlo como máxima figura y emblema de una justicia social que jamás fue la que el mundo alcanzó a ver desde su óptica. Se fue un comandante y eso siempre es lamentable. Se acaba la revolución y llega la era moderna, una sin Fidel y sin la Cuba que representó el último paraíso libre del ser humano.

Sigue la época de Trump, del post Brexit, de los reinos apócrifos, de las lamentaciones y el mundo del terrorismo; ya no hay líderes ni comandantes, ya no hay revolución ni paraísos; México sí extrañará a Fidel, México sigue extrañando una revolución.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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