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Intelecto opuesto

La derrota pegará en 2019

Eduardo González

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Todos los partidos que perdieron en la elección del 1 de julio no acaban de asimilar lo ocurrido y parece que siguen esperando a que algo suceda y despierten de lo que parece ser una pesadilla política jamás imaginada.

Y es que mientras líderes y dirigentes están agazapados, la militancia continúa en muchos de los casos sus actividades rutinarias, incluso muchos siguen discutiendo y argumentando en redes sociales, los menos analizando y realizando una autocrítica.

El café político fue pospuesto y la veda electoral parece haberse extendido después del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, incluso en estados donde gobernaba la supuesta izquierda como en Morelos, Michoacán y Guerrero.

La realidad es que todo tendrá su resultado final en 2019, cuando bajo nuevas condiciones presupuestales y administrativas comience el sexenio de López Obrador y la mayoría de Morena en el Congreso de la Unión ya haya espetado sus anzuelos para dar paso a los planes de la “reconciliación” y la “austeridad” republicana.

En el caso de los partidos, que son los entes de donde emana toda la operación nacional y trabajo cuando no se está en época de campañas, las cosas se pondrán color de hormiga. No porque nos vayamos a parecer a Venezuela o porque la amnistía libere a todos los presos incluidos los Avengers. Peor aún, no habrá ni para pagar los servicios básicos, rentas, empleados, etc.

El triunfo de Morena como partido político cambiará de forma radical el mapa de las prerrogativas, impulsando incluso un nuevo esquema por los más de 30 millones de votos obtenidos en la elección presidencial, cifra nunca antes alcanzada por un instituto político nacional.

Para darnos una idea: el PRI obtuvo para este año poco más de mil millones de pesos de financiamiento para actividades ordinarias, que es parte del presupuesto con que se mantendrán hasta el mes de diciembre; con los nueve millones 289 mil 853 votos obtenidos el 1 de julio en todo el país, estarán percibiendo alrededor de 400 millones de pesos o menos, cifra similar a la que recibió Morena este mismo año cuando no había ganado aún ninguna gubernatura.

Es decir, la derrota 3 a 1 será proporcional a la reducción presupuestal en las prerrogativas.

Una de las propuestas, me dicen, es impulsar de forma inmediata un nuevo esquema de financiamiento a partidos entrando el nuevo Congreso a la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores en septiembre, aunque por todos es sabido que la mayoría de un solo partido será la que tenga la última palabra.

La derrota pegara en 2019, no ahorita, no en septiembre, no en diciembre, sino el siguiente año cuando la llave se cierre para muchos y tengan que poner de sus bolsas, de sus gobiernos locales, de sus cuotas.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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