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Sábado , 23.06.2018 / 08:19 Hoy

Intelecto opuesto

Huasca: pueblo sin ley

Eduardo González

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No es nuevo. Desde hace mucho tiempo Huasca dejó de ser un Pueblo Mágico y no por haber perdido la denominación de la Secretaría de Turismo del gobierno federal (ni el presupuesto que se le otorga) sino por la situación social y política que se presenta.

De sus 64 localidades, más de la mitad se encuentran en situación de vulnerabilidad y pobreza, con altos índices de rezago en servicios básicos y una carencia de diversos indicadores que a diferencia de otros municipios que son Pueblos Mágicos, este no los tiene.

Como se imaginarán también en seguridad pública la situación es gravosa. Fuera de la zona centro de la localidad donde se recibe al turismo cada fin de semana, los despoblados, zonas boscosas, sitios ecoturísticos y demás son sitios donde no hay autoridad ni policía municipal.

Si acaso, los filtros y retenes carreteros que se asoman por unos cuantos en la localidad, hacen lo propio para la imagen de redes sociales y memoria del ayuntamiento, pero fuera de eso, nada.

Marcelo Soto Fernández, actual presidente municipal perredista, parece no tener control sobre las problemáticas de la población, donde son constantes los reclamos por inseguridad y por falta de servicios.

Apenas hace una semana, una mujer fue encontrada muerta en la localidad de San Juan Cacaloapan con signos de tortura y violencia.

Hace un año, vecinos del poblado de Santo Domingo Aguazarca cerraron los caminos de acceso al centro eco turístico Rancho Santa Elena provocando la psicosis entre turistas y familiares que ahí se encontraban.

Ayer, pobladores de las colonias Puente de Doria y El Jilotillo intentaron linchar a dos presuntos delincuentes, y entre sus acciones de violencia agredieron a dos reporteros gráficos, uno de esta casa editorial, quienes fueron jaloneados, insultados y cuyo equipo de trabajo se les arrebató sin consideración ni consentimiento alguno.

Ante ello ni el presidente municipal ni la policía local hicieron nada por controlar la ira de la gente ni sus intenciones de hacerse con equipo que no les pertenecía. Buscaban legalidad y terminaron cometiendo ilegalidad, sin que nadie hiciera nada.

Minutos después los compañeros pudieron abandonar Huasca sin mayor problema pero fue gracias al diálogo que interpusieron con sus agresores, quienes se quedaron con sus tarjetas de memoria, pero les devolvieron el equipo.

La situación es grave. No solo por ser medios de comunicación que representan la interlocución de la sociedad con sus autoridades y la información pública, sino porque se enfrentan los reporteros a una labor sin garantías en tierras y pueblos sin ley como Huasca.

No faltará mucho, de seguir así, para que al Pueblo Mágico le sea retirada la denominación y seguramente perderá más que recursos públicos. Un tejido social al que no se ha podido atender con mejoras en su calidad de vida, responde de forma violenta y sin educación.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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