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Jueves , 18.10.2018 / 05:20 Hoy

Intelecto opuesto

Estrés político

Eduardo González

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Dedicarse a la política en estos días no es cosa recomendable. La lucha por conseguir espacios de poder dentro y fuera de los partidos está dejando más heridas abiertas que una caída en terracería.

Quienes parecían tenerlo todo para llegar no lo consiguen y quienes no estaban dentro de la jugada ahora lo están; no hay tiempo ni espacio para la interrogación y solo resta un duro proceso de aceptación para quienes se inconforman o pretenden participar dentro de lo que es la época electoral.

Ayer, por ejemplo, hasta entrada la noche se dio a conocer la determinación del PRD a nivel nacional respecto al candidato o candidata al Senado, espacio que les otorgó la alianza con PAN y Movimiento Ciudadano en Hidalgo, y que mantuvo en estrés político a dirigentes locales y sus secuaces por más de dos meses.

Finalmente el sol azteca determinó que para ninguno de los suscritos en el proceso sería la manzana del árbol del edén electoral y desde la Ciudad de México se subió a Darina Márquez Uribe, cantante hidalguense originaria de Pachuca, quien saltó a la fama a inicios de la década pasada por haber ganado un reality show nacional.

Dice la Constitución que todo mexicano tiene el derecho de votar y ser votado y tal parece que en estos tiempo la premisa es mandato a seguir. Fuera del PRI en Hidalgo que decidió sus candidaturas a diputados federales, locales y al Senado "a la antigüita" y sin reclamo alguno, los demás partidos sufren como nunca para organizar sus cuadros, definir perfiles y poder seleccionar quienes puedan medianamente garantizarles una competencia para las campañas.

Definitivamente se la juegan al anti priismo o al voto de castigo, pues la falta de trabajo político durante el resto del año o el tiempo donde no hay elecciones, es la causa principal por la que hoy los demás institutos políticos, incluso los aliados al PRI, no tengan gente, ni suficientes militantes, vaya ni seguidores en redes sociales.

Sí, hay un estrés entre la clase política porque ni siquiera los allegados al tricolor saben que pasará en las campañas y no hay definición sobre a quién van a enfrentar. Las encuestas que se realizan entre partidos tampoco tienen claro quiénes van a participar y por ende las mediciones son extrañas y confusas.

¿Cuál es la cura para el estrés?, relajarse, dejar de tensar la cuerda política y permitir que el tiempo transcurra para que la sociedad pueda elegir libremente a quienes serán sus representantes políticos, pero sobre todo no buscar generar reacción entre quienes buscan o están participando; el resultado, como ya vimos, es la indefinición que termina pasando factura al ciudadano, quien torna en apatía el desdén electoral.

Son tiempos de definición, en un escenario de total confusión.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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