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Miércoles , 24.10.2018 / 01:18 Hoy

Intelecto opuesto

Co dependencia mexicana

Eduardo González

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Caminamos sin rumbo propio y tenemos que copiar modelos que fueron exitosos en otros momentos y con otras circunstancias.

De Colombia imitamos su estrategia en contra del crimen organizado, incluso el gobierno federal se asesoró con el general que le declaró la guerra al narco la década pasada en el país cafetalero.

De Estados Unidos su modelo económico basado en colocar bonos y comprar reserva -siendo que allá está la fábrica de hacer billetes y acá no-, así como aceptar todo su arsenal de guerra y drogas en perjuicio de nuestro país.

De Brasil su reforma energética, de Chile su reforma educativa, vaya, nada nos es tan nuestro como para que represente la identidad del mexicano hoy en día.

Caminamos con sueños y frustraciones, buscando una respuesta donde ya no la hay. En las leyes, en las autoridades, en quienes de forma sistemática nos dicen qué hacer sin que se den resultados para nosotros hasta el momento.

Dependemos de algo y de alguien. De todos y a la vez de nadie para formar nuestra comunidad, nuestro país.

La ideología y cultura del mexicano sigue atrapada en su Independencia y su Revolución; en ocasiones en su propia Conquista que no deja desde hace más de 500 años de hacernos sentir un pueblo, una raza de resentidos.

Caminamos como sombras de los que tienen éxito, de los que son mayores a nosotros y los que dicen ayudarnos o prometen ayuda y al final no hay nada.

En nuestro país nadie te regala ni la vida ni la muerte. Todo se cobra de una u otra forma. Es México, nuestra tierra del infortunio, donde el sacrificio no cuenta cuando hay intereses de por medio; donde la patria muere y se extingue donde surgen los valientes. Esos, esos no tienen lugar en el esquema del centralismo mental, en el espacio de la autocensura que lleva a la frustración.

Caminamos entre sueños que no dependen de nosotros mismos. Esos, forman parte de una cadena de favores y circunstancias. De darse, suelen ser más atribuibles al mérito de segundos y terceros que al propio e individual.

¿Es este México un país de oportunidades para todos, de desarrollo y calidad de vida en el que podemos planear nuestro futuro y el de nuestros hijos?

Pensemos que sí, que es posible refundar nuestra mente y vida en este suelo que decimos amar y querer al grado de cantar que lo defenderemos hasta con la propia vida.

Y si no lo vemos así, mejor nos sería pensar en apartarnos de aquí, en alejarnos y buscar echar raíz en otro lado, en otra tierra y con otra gente.

La co dependencia que sufrimos como mexicanos nunca nos hará independientes. Celebramos la liberación de nuestro pueblo desde 1810, pero no podemos liberarnos de lo que nos ata a esta forma de ser. A ese yo que nunca fue nuestro sino que nos fue impuesto. Festejamos la Independencia como tradición y no como exaltación patriótica de lo que buscamos: una mejor vida, una prosperidad.

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