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Martes , 18.09.2018 / 13:01 Hoy

ADN mexiquense

Xochicuautla y su devastación

Eduardo Garduño Campa

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No obstante a la cantidad de denuncias públicas de particulares y de grupos parlamentarios opositores al PRI en el congreso federal, para que se investiguen los contratos con los que favorecen a grupo Higa para la ejecución de obras de alto costo, tal parece que así seguirá, solo en gritos, porque a ese corporativo y sus filiales no los tocan.

Prueba de ello es que en todas las obras que están llevando a cabo y en los que sus empresas han resultado favorecidas, les han dado todas las facilidades para que ejecuten los trabajos sin importar el daño que causan al medio ambiente.

Por ejemplo, en las nuevas autopistas que están habilitando, así como en el proyecto del nuevo aeropuerto y en otras vías de comunicación, han registrado una devastación de decenas de bosques como consecuencia de los trabajos.

Lo acontecido en Xochicuautla esta semana es una prueba más del poder que tiene este grupo empresarial y todo el daño que le ha hecho a la naturaleza, donde no sólo ha desaparecido importantes espacios de bosques que para los residentes de esa zona representan santuarios, sino que ha acabado con mucha de la riqueza forestal y por consiguiente ahuyentado la fauna silvestre que tenía en ese lugar su hábitat.

De acuerdo con expertos ambientalista, en esa obra, donde también han destruido casas de los pobladores, suman más de 300 mil árboles que han derrumbado para dar paso a la construcción de la autopista, cifra muy similar a los que se derribaron en la zona de la Marquesa, donde también, por cierto, construyen otra autopista y habilitan el espacio para el paso del tren ligero Toluca-México.

Por fortuna y al parecer ojalá no sea atole con el dedo, las obras en Xochicuautla ya fueron frenadas y habrá una reparación del daño a los vecinos que sufrieron el derrumbe de sus viviendas, además de que buscarán otra alternativa para el paso de la autopista.

Empero, el daño causado a la naturaleza con la devastación forestal de más de 300 mil especies de flora que fueron arrancadas de la tierra y a la fecha nadie sabe dónde fueron sembrados los tres millones de árboles como compensación por los que fueron cortados.

Pues de acuerdo con la legislación vigente, las empresas que derrumban árboles para una obra están obligadas a sembrar diez por cada ejemplar y a estar al pendiente de los mismos hasta que alcancen su desarrollo pleno para que persistan de lo que la propia naturaleza les da.

Sin embargo hasta la fecha no conocemos donde Higa y sus empresas plantaron esos tres millones de árboles y como han supervisado su crecimiento y desarrollo para que no mueran.

Pero no sólo arrasan con la naturaleza, sino también con el patrimonio de las personas, porque haciendo uso del derecho de expropiación, no les importa tirar y derrumbar viviendas aún con gente dentro de ellas.

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