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Sábado , 22.09.2018 / 22:31 Hoy

Columna de Edmundo Font

Otra vez Guernica

Edmundo Font

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Una de las piezas que serán exhibidas a partir del próximo fin de semana. (Foto: Edmundo Font)

Ochenta años son una eternidad, sobre todo en una época, como la de los tiempos que corren, de aceleración y prisas inauditas. Ocho décadas, a la vez, no son nada, si conmemoran una creación monumental y la denuncia que representa una pintura hecha en 1937; pieza que mantiene, con tristeza, una vigencia más allá de los confines del arte, recibiendo el alimento cruento de realidades de violencia y despropósitos humanos que le otorgan una dramática actualidad.

Me refiero en concreto a la relatividad temporal del Guernica, de Pablo Picasso, antiguo mural moderno que nació de la necesidad de protestar contra los crímenes perpetrados por una ideología que diezmó millones de vidas de seres humanos, que se inició con el apoyo del nazifascismo a los golpistas franquistas, que acabaron sumiendo a España en una dramática noche de más de 30 años de ausencia de libertades sociales.

Hasta los primeros días de septiembre de este año se pudo ver en el Museo Reina Sofía, recinto final que alberga el célebre icono universal, una exposición muy especial: Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica, conformada por 180 obras procedentes de los fondos de la colección del museo y de más de 30 instituciones de todo el mundo, entre las cuales el Musée Picasso y el Centre Georges Pompidou, de París; la Tate Modern, de Londres; los museos de Arte Moderno y Metropolitano, de Nueva York, y la Fundación Beyeler, de Basilea.

El Guernica ha sido calificado como el cuadro más emblemático del siglo XX en materia de revolución de estilos pictóricos, y representa un símbolo vigoroso contra los absolutismos políticos y los oscurantismos de toda laya. Ya en la esfera personal, el Guernica tiene un peso específico de enorme trascendencia para mi formación en el terreno de la literatura y de las artes plásticas.

A los 20 años, en 1973, viajé por primera vez a Europa, durante seis meses, y experimenté una suerte de síntesis del arte occidental que habría de marcarme para siempre; descubrí las manifestaciones rupestres en las cuevas de Altamira, próximas a Santillana del Mar; me subyugaron las Meninas de Velázquez y las obras de Goya; me deparé, en la Capilla Sixtina, con una visión primordial del majestuoso arte del Renacimiento. Y se me abrió la cortina de una de las lecciones de la modernidad más extrema frente al Guernica, que aún se encontraba “exiliado” en Nueva York.

Allí, en el Museo de Arte Moderno, me serví, como si fuera de un cuaderno de hojas sueltas, de una ristra de panfletos explicativos frente al Guernica y escribí, en los estrechos márgenes, lo que resultó un extenso poema en sintonía con la dimensión cubista de la obra inspiradora, y que se convertiría en mi primera plaquette (pocos meses después fue publicada con ilustraciones y un grabado original del maestro Benito Messeguer, director entonces de la academia de pintura La Esmeralda).

A 43 años de haber publicado Otra vez Guernica, he emprendido un viaje simbólico en el sentido contrario al elaborar 43 obras de gran formato sobre madera, lienzo y cartón; varios collages sobre fotografía industrial, y un mural sobre sacos de café, de ocho metros por cuatro, que reproduce la dimensión del gran mural, creado en 1937 por Picasso para el Pabellón de la República Española en París, apenas un mes después del bombardeo que destruyó la emblemática ciudad del pueblo vasco.

El monumental trabajo, realizado sobre una vasta superficie de yute que conforma 32 metros cuadrados, y la elaboración de dos columnas pictóricas de cuatro por dos metros, han representado un formidable reto técnico y la superación de numerosas dificultades impuestas por materiales y soportes vírgenes. Los efectos de una aparente precariedad, alcanzados a propósito, ante lo dramático del tema y su desgarradora iconografía, abren una ventana que asoma a un paisaje representado por una denuncia frontal contra la violencia desmedida que arroja todo conflicto bélico.

GUERNICA’S, así, en plural, subraya el espíritu de una muestra que es la única que se ha organizado en México para celebrar una efeméride de tanto relieve. Será abierta el próximo sábado en el Centro Cultural Acapulco. En ella se parte de las poderosas imágenes que produjo el genio de Picasso. Se trata, finalmente, de una propuesta que arma un rompecabezas de numerosas estampas con seres trastocados; reiteradas mujeres con infantes desfallecidos en sus brazos; caballos y toros en tortura, y la recurrencia del minotauro clásico, héroe y villano para Picasso. Y todo ello, en un conjunto pictórico que enfoca un conflicto de lamentable correspondencia con los exterminios de nuestros días.

*Embajador de carrera en activo, cónsul general de México en Barcelona de 1992 a 1995.

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