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Jueves , 18.10.2018 / 13:49 Hoy

Palabra del lector

2016-03-04

Editoriales

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Los 50 años de avance no son sinónimo de inexistencia de crisis

La relación entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el gobierno federal se asemeja a la de un matrimonio en el que los esposos viven del chongo, pero por una u otra razón, no pueden separarse. El organismo internacional y nuestro gobierno se la pasan discutiendo. Si la CIDH dice que las cosas en México son rojas, rápidamente revira el gobierno mexicano y lo desmiente diciendo que es negro. Ese es un resumen de lo que hasta ahora ha sido la relación respecto a las diligencias que lleva a cabo la comisión para responder a la interrogante de qué pasó con el grupo de 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa. Lo más reciente es que la CIDH dijo que ve una grave crisis de derechos en el país y, rápidamente, el gobierno respondió que el organismo ignora más de 50 años de avances.

Al respecto me parece que ninguna de las dos afirmaciones está peleada. En México hay avance, es innegable, pero no es generalizado. Y también aquí hay grave crisis de derechos humanos, pero tampoco se puede decir que sea generalizada. Si una persona pasea por Polanco o por Lomas de Chapultepec, no tendrá muchos problemas para confirmar que, efectivamente, en este país hay un avance. Pero de la misma forma, si llevamos a una persona a las zonas más pobre de Chiapas o las paseamos por algunos de los pueblo más peligrosos de Tamaulipas o Michoacán, no dudará en afirmar que, efectivamente, hay una crisis de derechos generalizada en esas zonas.

En las páginas de los diarios aparecen de forma constante noticias sobre personas que fueron asesinadas, secuestradas, cercenadas, y también aparece información de avance económico en estados como Querétaro o Guanajuato, elevación del nivel de calidad, etcétera, pero ni una ni otra son generalizadas en todo en el país, aunque sí lo sean en algunas zonas de México.

México es un país polarizado, donde conviven dos realidades, y cuando se quiere negar una, lo más sencillo es señalar la otra.

Brian Sánchez, Edomex

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Donald Trump, más serio de lo que todos creíamos

En Estados Unidos, lo que, en principio, suscitó las risas de muchos se ha convertido en una alarma. El millonario Donald Trump pasó de ser una broma a ser el candidato republicano más fuerte para competir en las elecciones presidenciales de fin de año. Tan alarmante es la cosa, que ni sus correligionarios lo quieren, pues saben que el hombre es visceral, carece de experiencia en la administración pública y, además, es un misógino racista. Hasta México, que hace unas semanas aún se mantenía blando respecto al tema, ha dicho que el magnate "es un ignorante", y los ex presidentes panistas dijeron que el señor es "un peligro para EU" (y obviamente para México también) y que no vamos a pagar ni un "fucking peso" por el muro que el precandidato pretende construir en la frontera con nuestro país.

Aún es pronto para alarmarse de más, pero tampoco estaría nada mal que México empezara a contemplar qué pasaría si Donald Trump pasara a ser el presidente de Estados Unidos, su principal socio comercial. Sin duda alguna, el plan económico cambiaría radicalmente. Por ahora, el candidato republicano ha resultado ser más serio de lo que todos creíamos.

Diana Medina, Ciudad de México

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