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Lunes , 18.06.2018 / 02:33 Hoy

Palabra del lector

2016-02-26

Editoriales

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La CdMx, lejos de salvar la vida de los ciudadanos

Cuando el jefe de Gobierno de la Ciudad de México anunció el nuevo Reglamento de Tránsito, afirmó que el objetivo principal era salvar vidas. Se proponía reducir a cero las muertes causadas por atropellamientos. En pocas palabras, proteger al ciudadano.

Tiempo antes de este anuncio, se flexibilizó el Hoy no Circula y de un momento a otro aumentó el número de automóviles que circulaban todos los días (muchos de ellos sin aprobar los niveles de emisiones contaminantes; he visto cómo siguen incurriendo en la corrupción para obtener la calcomanía cero). Cuando se supo el costo de las multas y que debido a la mala economía de México se recortaría el presupuesto para la capital, surgió la idea de que la finalidad del Reglamento no era reducir las muertes, sino recaudar dinero para hacer frente al problema económico. Esto fue tajantemente negado por el gobierno capitalino y hasta se redujo el costo de las infracciones en 80 por ciento, en tanto se pagaran durante los primeros 10 días.

Pese a todo lo anterior, la Universidad Nacional Autónoma de México ha dicho que los límites de velocidad que impone el reglamento aumentan la contaminación en la ciudad: "Hay una relación directa: a más vehículos a menor velocidad, mayor emisión. No hay vuelta de hoja, no hay que hacer ecuaciones difíciles para estar ciertos que esta actividad es uno de los factores que han provocado mayor contaminación", dicen.

En pocas palabras, el exceso de automóviles está matando a los ciudadanos (objetivo principal de Mancera). Es urgente desincentivar el uso del automóvil, porque de poco sirve que los ciudadanos no mueran por atropellamiento, si van a morir por contaminación (la Ciudad de México es de las urbes más contaminadas del mundo).

Karina Guerrero, Ciudad de México

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Injusticia económica transgrede el derecho a la vida, afirma

Según un estudio publicado por Los Ángeles Times, la esperanza de vida de las personas está íntimamente ligada al lugar que ocupen en el ranking de ingresos de la sociedad. La investigación revela que las personas con más altos ingresos pueden vivir hasta cinco años más que quienes perciben los sueldos más bajos. Eso no es nada nuevo. Todo el mundo lo sabe. Lo revelador es que en las últimas dos décadas la brecha en la esperanza de vida ha crecido exponencialmente. No es poca cosa el estudio, pues demuestra que la desigualdad económica tiende a crecer y, con ella, la desigualdad en la esperanza de vida. El que las personas no tengan derecho a la misma esperanza de vida significa que se quiebra uno de los derechos universales. E l derecho a la vida es uno de ellos, quizá no el más importante, pero en el que se sustentan todos los demás. Es claro cómo se pisotea este derecho. Impresiona cómo se hacen de la vista gorda muchos.

Diana Jaume,Sonora

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