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Martes , 17.07.2018 / 12:27 Hoy

Palabra del lector

2015-09-12

Editoriales

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Reprueba las evidencias de racismo en el mundo

Mientras en Hungría un grupo de migrantes sirios se desbanda para escapar de la policía, una reportera de la cadena ultraconservadora de ese país, con cámara en mano documentando la escena, pone el pie a un padre migrante en cuyos brazos carga a su hijo. El hombre va al suelo junto con el niño. A la par que se levanta, lanza unos improperios a la periodista y después desaparece del enfoque de la cámara. Poco antes, la reportera había pateado a un infante sirio que también huía de la policía. El incidente, sucedido hace unos días, fue condeno por el mundo y la reportera perdió su empleo. Pareciera que el asunto está arreglado.

Uno de los principales problemas del mundo es creer que cambios superficiales generan transformaciones perdurables. La reportera húngara golpeando migrantes no es un hecho único, sino una muestra del odio generalizado que aún existe en las personas. Y no es en la parte moral donde hay que poner el foco, sino en la parte que hace disfuncional la convivencia entre naciones: Los remanentes del nacionalismo, visibles en EU con Trump, en Hungría con esta reportera, en Francia con Le Pen, en Grecia con el partido nazi, etcétera, evidencian cuánto vivo está el problema.

Es reprobable la actitud de la reportera húngara y su despido es bien merecido, pero es más reprobable no estar alerta de los focos rojos que se prenden en el mundo, enarbolando la bandera del racismo.

Marco Campero, Edomex

Obama, muestra de populismo y más populismo, dice

El problema con Obama no es que sea uno de los presidentes estadunidenses que ha deportado más personas, pese a haber prometió una reforma pro migrantes. Tampoco lo es que tras defender el cuidado del medio ambiente haya otorgado permisos para buscar petróleo en las profundidades del Ártico. Mucho menos que, después de la parafernalia detrás del restablecimiento de las relaciones con Cuba, haya renovado por un año más la ley que sustenta en embargo a la isla. No, nada de eso es el problema de Obama (es simplemente el comportamiento natural de los presidentes estadunidenses desde hace bastantes años). El problema de este mandatario es su carisma. No en balde ha sido catalogado uno de los mejores oradores de la historia. La gente se emociona al escucharlo, confía en él y le cree. Lo burdo es que cuando uno recurre a las estadísticas, a los datos duros, se percata de que no solo ha actuado como presidente de Estados Unidos, sino como unos de los más duros.

¿Entonces qué debemos pensar? ¿Obama es bueno o malo? Es populista. Su comportamiento y su discurso, totalmente alejado del sentido de sus decisiones, demuestran cuán engañoso y efectivo es el populismo. Eso es Obama: una muestra de populismo y más populismo.

Joel Correa, Distrito Federal

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