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Los correos del público

Los correos del público

Editoriales

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Elecciones

Tengo la esperanza de que las encuestas estén equivocadas, pero lo veo difícil. Yo nunca votaría por López Obrador, no es un candidato que me caiga mal, es honrado, pero es una decepción verlo en los debates, sus palabras pueden llegar al corazón, pero no a la razón. Sencillamente no está preparado para la presidencia de la república, además está rodeado de gente de izquierda muy radical, no una izquierda social demócrata y lo rodean muchos intelectuales bien intencionados e ingenuos a los cuales harán a un lado poco a poco los intolerantes dentro de Morena. La corrupción no es únicamente del partido en el poder, todos los partidos la tienen, y Morena no es la excepción.

El problema es que Anaya y Meade le están dejando libre el camino por estar en la lucha por el segundo lugar. Anaya pide el voto útil, y el priismo no se lo va a dar nunca, no hace sino insultar al PRI y al presidente. A Jorge Castañeda, siendo tan preparado e inteligente no supo atraer tampoco el voto útil del priismo, durísimo con el partido, con ese encono, ¿qué priista les va a dar su voto?

Es más fácil que el panismo calderonista le dé su voto útil a Meade que no les es extraño, pues trabajó también con ellos; me atrevo a pensar que el perredismo no votará por Anaya en la elección para presidente, se van a ir con Morena al no tener a su candidato natural, Mancera, por cierto, otro que Anaya se quitó de enfrente.

Meade es con mucho el mejor candidato, pero el problema son los votantes. Cito textualmente a Jason Brennan. Milenio, El Mundo, domingo 17 de 2018. Lo que se le atraganta a este filósofo y politólogo es ese ciego triunfalismo que casi como una religión, celebra la democracia como el sistema más perfecto. A Brennan le parece que la democracia, basada en el principio un hombre un voto, puede cometer errores garrafales.

Oralia Vélez de Belloc


Caras y pobres

Una histórica oportunidad de avanzar aunque sea un poco en pro de consolidar una verdadera democracia se está esfumando trágicamente; las irrepetibles situaciones coyunturales que requieren de un ejercicio amplio de comunicación entre el electorado, los partidos, los políticos y la ciudadanía en general, se desperdiciaron al ocuparse y preocuparse más por el enlodamiento del oponente que por la propuesta. El debate se transfiguró en mitote y las mentiras y verdades a medias aparecieron por doquier.

Comunicadores y líderes de opinión han tomado partido, llegando algunos al grado de representar frente al público “saltos mortales sin red” al cambiar de opinión, color y preferencias, en unas cuantas horas o quizá unos cuantos pesos. El obeso y oneroso aparato burocrático que maneja los asuntos electorales, parece no enterarse del desaseo con el que algunos actores y actrices enfrentan la contienda y todo ello solo abona a perder la esperanza de que aquello que soñamos y tanta falta le hace al país, simplemente no suceda y nos regalen próximamente un pedazo del mismo pastel, aunque más amargo y probablemente imposible de tragar. La democracia se puede aprender, pero no siempre se recuerda…

Sergio Zepeda C.

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