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Martes , 14.08.2018 / 06:54 Hoy

Los correos del público

2017-09-30

Editoriales

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El dolor de la tragedia

Dos movimientos telúricos dejaron devastado nuestro país, a 32 años de distancia, doce días después del otro terremoto que devastó Chiapas y Oaxaca. Con varias diferencias: la tecnología permitió que se comunicaran con sus familiares, además, el número de personas fallecidas fue mucho menor. Experimentamos coraje, tristeza, miedo, desesperación. La angustia se desplazó a las redes exigiendo que los recursos para las campañas políticas fueran destinados a la reconstrucción. Mientras tanto el Presidente Peña Nieto se mostró cercano, aparece en el centro de la tragedia y continúa con los avances de la reconstrucción en los medios, pero le llueven críticas. Saturaron de tal manera las redes sociales que parecía que no importaba la tragedia, las personas fallecidas, las pérdidas económicas, las vías de comunicación, las escuelas, los hospitales, el empleo que se perdió. El repudio al Poder Legislativo y a los partidos políticos no ha parado. A pesar de que sabemos que nuestro país es una zona sísmica, las leyes de la naturaleza nos parecen injustas. Inmersos en el dolor, el terremoto nos da la oportunidad de mostrar la fortaleza de la que está hecho el pueblo mexicano, la solidaridad de propios y extraños nos llena de esperanza, pero se tiene que aprovechar o se corre el riesgo que, la solidaridad emocional del momento vaya menguando y desaparezca. Nuestro país está lastimado, la tragedia es la gota que derrama el vaso. No perder de vista que el orden emerge a través del caos, pero, es necesario evolucionar, transformar el coraje, canalizarlo adecuadamente, para que la crisis que sufrimos se transforme en crecimiento. La sociedad está quebrantada. Pero, la clase política no son entes aparte, son hermanos, padres, hijos, es necesario revisarnos. Todos, de una u otra manera estamos inmersos en esta red de corrupción. Urge transformar nuestro país, se necesitan ciudadanos comprometidos, esos que se han desbordado en la ayuda a las víctimas del terremoto, la solidaridad tiene que canalizarse en transformar a México, este país maravilloso que cuenta con tantos recursos, el siguiente paso es la reconstrucción, cuidar que no esté marcada por la ambición y la corrupción, sino por las necesidades sociales. A pesar del dolor y las pérdidas luchemos brazo con brazo para confirmar, como dijo la antropóloga Margaret Mead: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”.

Rosa Chávez Cárdenas

Ayuda

“Hoy por ti, mañana por mí” es una expresión que se escucha en México con una gran frecuencia, que proyecta la idea de ayuda, apoyo, favor, protección, etc.

En mi concepto es una frase aberrante porque cuando se ayuda a alguien en cualquier sentido es inadmisible esperar algo a cambio, es decir hacerlo de manera incondicional. Con motivo de los recientes sismos, estoy seguro que ningún heroico voluntario de los miles que han auxiliado participando en una u otra forma, aun a riesgo de su propia vida, lo hayan hecho esperando una retribución del “favor”, salvo la satisfacción y el alto honor de una gran labor altruista.

Francisco Benavides Beyer

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