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Jueves , 18.10.2018 / 21:47 Hoy

Los correos del público

2016-03-10

Editoriales

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Racismo cultural

Racismo cultural quiere decir, en México, que la pigmentocracia de las castas novohispanas continua presente en forma de discriminaciones por ser indígena, homosexual, pobre, mujer, portador de VIH, analfabeta, etc. que en esencia es el mundo de los prejuicios por los componentes étnico-culturales como quiere significarnos Donald Trump desde el supremacismo blanco cuando dice que los mexicanos les quitamos empleos, introducimos drogas y violencia. Ambos “racismos” culturales son constructos sociales enemigos del pluralismo multicultural. Pero mientras acá nuestra aculturación se fincó en la asimilación de los grupos subordinados al grupo hegemónico, allá no hubo aculturación pues el mundo indígena norteamericano casi fue eliminado del mapa cultural; alteridad anulada después de 100 años de comercio entre colonos e indígenas. Con 600 mil muertos en la guerra civil no hubo ya anulación de la alteridad afroamericana sino, por el contrario, la presencia de la otredad no blanca que ha puesto en entredicho el supremacismo en todos los ámbitos de la cultura entendida como el modo de vida que caracteriza a una sociedad o a un grupo social –el crisol “racial” o **melting pot- que incluye conocimientos, costumbres, normas, leyes y creencias en una democracia en contradicción entre la defensa de los derechos humanos y el mercado. Democracia liberal en crisis dado el hartazgo de sus electores y por la emergencia de un populista de derecha como es Donald Trump que embona con la tradición estadounidense de estigmatizar a los “marginados peligrosos” que amenazan tanto a la seguridad de la República como a la forma de vida nacional, sus usos y costumbres, razón suficiente para exigir a los mexicanos que construyan un muro a todo la largo de su frontera sur. La denuncia histérica de Trump es el “estilo paranoico” de la política norteamericana pues la historia de los Estados Unidos, dice Philip Jenkins, se puede escribir en función de los “grupos marginados” que, uno tras otro, supuestamente han desafiado a la política nacional, desde los milenaristas Montanus que pretendían ser la voz del Espíritu Santo para completar la Revelación de Jesús-Cristo y los masones, hasta los católicos y judíos, comunistas y satánicos.

Hoy, el “racismo” cultural antimexicano de Trump es evidente; no es nuevo, pero sorprende la carga religiosa con la cual ha satanizado la cultura mexicoamericana y a México en particular, razón por la que el prejuicio no siempre resulta en acciones hostiles, pero cuando el prejuicio se hace manifiesto en el mínimo discriminatorio, hasta llegar a la exterminación en masa, como sucedió en el Holocausto; entonces pensamos que Trump ya puso el huevo de la serpiente en contra del pluralismo multicultural y de los puentes que el Papa Francisco le sugirió para pensar en serio una reforma migratoria o “enchilada completa” y corregir los viejos prejuicios alimentados por los autoritarismos como el de Trump, nos lleva a creer que con sus éxitos electorales para la nominación republicana que no es solo Trump, como tampoco fue solo Hitler.

Emilio Pérez Ramos

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