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Martes , 23.10.2018 / 05:29 Hoy

Columna de Édgar Tungüí

Proyectos y estudios, cimientos de la infraestructura moderna

Édgar Tungüí

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En el año 1974 se estableció por decreto presidencial que el día 1 de julio se celebraría el Día Nacional del Ingeniero. Pareciera que hace poco más de 40 años el desarrollo de infraestructura en el país estaba en pleno auge, y a propuesta del ingeniero Eugenio Méndez Ocurro, entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, se instituyó tan especial e importante reconocimiento al gremio de los ingenieros.

Los que elegimos seguir nuestro camino profesional por el sendero de la ingeniería aprendimos que el ingeniero es aquel que utiliza sus conocimientos para resolver problemas o satisfacer las necesidades básicas del ser humano, que van desde tener una casa en la cual habitar, hasta contar con agua potable, drenaje, comunicación, transporte, energía eléctrica, por citar solamente algunas.

Pareciera que los ingenieros estamos pasados de moda, o por lo menos la tradición de grandes ingenieros que construyeron este país ha desaparecido. Ahora, la mayoría está replegadas a segundo plano, sin intervenir en la planeación y toma de decisiones en el desarrollo de la infraestructura que requiere este país. Aquella gran tradición de ingenieros mexicanos ha venido a ser sustituida por ingenieros traídos de otras partes del mundo que, sin menospreciar su capacidad, no tienen el conocimiento de los recursos y necesidades de México. Al final, ingenieros mexicanos siguen haciendo el trabajo, sin obtener el reconocimiento suficiente.

La falta de inversión en infraestructura que se tuvo durante largo tiempo acabó con esa formación de ingenieros en la que el país tenía tradición. Ingenieros mexicanos de las diversas ramas de la profesión destacaban en diferentes partes del mundo, y eran buscados para exportar su talento y conocimiento.

Pero no solo la falta de inversión fue lacerante para la profesión, la falta de planeación para ejecutar las grandes obras de infraestructura fue evidente. Obras sin estudios ni proyectos previos generan sobrecostos y malas ejecuciones de las mismas. Una obra sin proyecto es como querer tocar una sinfonía sin partitura. La programación del presupuesto debe incluir la etapa previa. Que existan reglas que olviden el gasto en estudios y proyectos es absurdo.

De ahí la necesidad de contar con órganos de planeación que se encarguen de elaborar un amplio banco de proyectos que permitan programar el presupuesto público o, bien, buscar opciones de financiamiento privado que transformen en realidad las ideas plasmadas y resuelvan los problemas para las que fueron planteadas.

En mayo, un grupo integrado por diversas cámaras y colegios de profesionistas de la Ingeniería presentaron un documento en el que se propone que en la Constitución de la Ciudad de México, que deberá elaborarse y aprobarse en los próximos meses, se contemple la creación de un Comité de Planeación de la Infraestructura, que integre no solo al sector público, sino desde luego al privado y académico, en el cual se elabore esa cartera de proyectos, en la que además se establezcan las prioridades a corto, mediano y largo plazos, y que hagan factibles las grandes obras que la ciudad requiere. Posteriormente deberá ser la Asamblea Legislativa de la capital la que consolide esta visión en las leyes secundarias.

No obstante, dicho órgano debe replicarse a escala nacional, y deberá ser actor fundamental en la elaboración y actualización del Plan Nacional de Desarrollo y los programas que de él deriven. La planeación debe ser a mediano y largo plazos, y para eso será necesario revisar la normatividad, en todos los rubros, desde las propias obras y adquisiciones, pero también en el ejercicio del gasto. No todos los proyectos se pueden sujetar a una programación del ejercicio del gasto anualizado.

La planeación mencionada, sumada a la aplicación de las mejores prácticas en la ingeniería, redundará en mejor calidad de vida para todos. Obras sustentables, accesibles y con procedimientos constructivos innovadores urgen para darle una nueva dimensión a nuestras construcciones. Seguir construyendo como hace algunas décadas ya no es posible.

La construcción de la infraestructura deberá ir invariablemente acompañada de una apertura social y transparencia en su ejecución. La participación de la sociedad civil, cada vez más activa y organizada, es fundamental para mejorar las propuestas de solución y acompañar el camino a la consecución de los objetivos.

Queda; pues, en el gremio de la ingeniería, unir esfuerzos y trabajar nuevamente juntos. Así como los que nos antecedieron, reconstruyeron y dieron rumbo a nuestro país, nos tocará a nosotros retomar la tarea y consolidarla hacia un México moderno y con mejores servicios para todos.

Secretario de Obras y Servicios de la CdMx

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