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Jueves , 13.12.2018 / 15:38 Hoy

Sin rodeos

Reconocimiento a lo que “no sirve para nada”

Diego Fernández de Cevallos

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Sí, el INSTITUTO NACIONAL DE ACCESO A LA INFORMACIÓN… (que “para nada ha servido”, según López Obrador) entre sus muchas resoluciones trascendentes ordenó recientemente abrir los archivos sobre el Movimiento Estudiantil del 68. Nada justificaba que después de medio siglo continuaran ocultos.

Por la gravedad y complejidad de lo acontecido, en esos archivos no hallaremos la verdad total e indiscutible, pero sí arrojarán luces que nos acerquen a ella. Sobre todo, si los compulsamos con los relatos de los que participaron, así como con los archivos de la CIA, protagonista destacada en tamaña brutalidad.

Tal vez, el análisis sereno de cientos —o miles— de kilos de documentos nos ayuden a superar lo que se revive anualmente de recuerdos inciertos, de ritos, mitos y mitotes, envueltos en el culto a la derrota y desdeñando la valiente gesta de la muchachada en su lucha libertaria.

Para no pocos de los que participamos en ese Movimiento, desde entonces nos quedaba clara la conjunción de tres elementos irreconciliables:

1) un gobierno ciego, sordo, corrompido y violento;

2) la rebeldía, principalmente de jóvenes, igual que en muchos países de América y Europa, en contra de oficialismos dominantes que negaban derechos humanos fundamentales a sus poblaciones e impedían el imperio de la ley y la justicia;

3) la cooptación del Comité Nacional de Huelga por algunos líderes y maestros adoctrinados en la lucha de clases. Para éstos los cauces legales eran supercherías democrático–burguesas, y la lucha debía ser obrero-campesina-estudiantil, con la Hoz y el Martillo y la Bandera Rojinegra, símbolos internacionales de la huelga del proletariado.

Tampoco faltaron las provocaciones violentas de ultraderecha, como del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO).

Las partes en conflicto hicieron llamados al diálogo, que multitudes juveniles y amplios grupos sociales exigían, pero el gobierno y los líderes estudiantiles no lo propiciaron. Aquél, con mentiras (como la supuesta profanación de la Catedral), apoyado con tanques y a bayoneta calada; éstos, con bombas ‘molotov’, excesos y discursos incendiarios.

Heberto Castillo, líder del Comité Nacional de Huelga, reconoció en éste “contradicciones internas, errores técnicos y excesos verbales”.

El general Lázaro Cárdenas declaró después de la matanza del 2 de octubre que “elementos nacionales y extranjeros… emplean las armas y el terror… en conflictos internos que solo a los mexicanos corresponde solucionar…” y, “sin que los jóvenes prescindan de sus derechos”, pidió “excluir los métodos violentos” y detener y anular “a las fuerzas espurias”.

Como verá usted, el INAI (ese, que “no sirve para nada”) nos acercará a la verdad, y sigue sirviendo a México.

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