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Jueves , 21.06.2018 / 08:11 Hoy

Sin rodeos

El estado de ánimo de automovilistas y camioneros

Diego Fernández de Cevallos

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Toda molestia EVITABLE que la autoridad causa a los ciudadanos es ilegal e inmoral, por abusiva.

Lo anterior no es un simple enunciado teórico, sino el recordatorio a las autoridades (in)competentes ante la inveterada costumbre nacida en gobiernos que hemos padecido y heredada al de nuestros días.

En efecto, frente a los funcionarios honestos y serviciales, abundan los que no son lo uno ni lo otro. Por éstos y por el retraso cívico generalizado, vivimos en un círculo perverso: el atropello que viene de “arriba” y la resignación de quienes se ubican cobardemente “abajo”. Cohabitan el abuso de poder de unos pocos y la sumisión ovejuna de los muchos.

Innumerables ejemplos ilustran, a todo color, la soberbia impune de los abusadores y la castración moral de los abusados. Ante la actitud de: “háganle como quieran, pero de que pagan, pagan”, no pocos gobernados se concretan a susurrar: “así ha sido y así seguirá siendo” o “solo nos queda aguantar”, consolándose con mentadas de madre que casi nunca llegan a los oídos de la autoridad saturados de cerilla. La mayoría del “maravilloso pueblo de México” asume consubstancial a su naturaleza doblegarse y cooperar cuando es violado en sus derechos.

Pero hay cuestiones que llegan al límite. Sin desconocer lo que gobiernos pasados y el actual han ampliado y modernizado las vías de comunicación, me refiero a lo que día a día padecemos los mexicanos en las llamadas “supercarreteras de paga”, como consecuencia del frecuente contubernio entre (algunas) autoridades, (algunos) concesionarios y (algunos) contratistas para asaltar en despoblado a los usuarios, pero sin arriesgarse como lo hacían los legendarios “bandidos de Río Frío” hace cien años en el camino a Puebla.

Cuando salimos del infierno de las grandes ciudades y corremos suerte de no quedar atrapados, durante horas, por bloqueos de menesterosos que no son atendidos debidamente o de “luchadores sociales” o “anarcos” que “botean” para “la causa”, se nos retiene ante casetas de peaje durante el largo tiempo que necesitan gobierno y concesionarios, porque son ineptos ¡hasta para cobrar!

A lo anterior se suma lo que sucede por obras de reparación: es frecuente que no pocos concesionarios y contratistas hagan de las suyas, sin respeto alguno para el público. Constantemente miles de vehículos quedan varados durante horas en estacionamientos kilométricos a causa de los trabajos que pudiendo durar días se llevan a cabo en semanas, y los que debieran realizarse en semanas suelen tardar meses.

No tienen prisa y se burlan de los usuarios porque ellos cobran por un servicio que no dan, y nosotros sumisamente les pagamos. Cuando su irresponsabilidad les pegue en el bolsillo, serán más rápidos que la luz.

Si el presidente Peña Nieto y el secretario Ruiz Esparza recorren, por ejemplo, la México-Querétaro tendrán siete u ocho horas para percatarse del estado de ánimo de los viajeros. Lo que hoy sucede ocasiona accidentes evitables, exaspera a la sociedad y no conviene al gobierno.

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