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Jueves , 21.06.2018 / 10:25 Hoy

Sin titubeos

Más ataques a la libertad de expresión

Diana Mancilla

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Ejercer el periodismo en México, con toda la carga de violencia que hay, se ha vuelto una actividad de muy alto riesgo. Apenas el 23 de marzo se registró el asesinato de Miroslava Breach Velducea, en Chihuahua, cuando otro periodista Javier Valdez Cárdenas, es victimado en Culiacán, Sinaloa, ayer. Ambos de La Jornada e igual que otros cuatro comunicadores, muertos a manos de sicarios.

Condenables todos los casos, el crimen organizado y, más reprobable, sus largos brazos que abrazan la complicidad de quienes supuestamente fueron electos y contratados para salvaguardar la integridad física de los ciudadanos y procurar sus bienes, están desbordados.

Indigna hasta la desesperación que cualquier persona sea abatida por sujetos que actúan con toda impunidad, a la luz del día, sin que se les aplique la ley.

En los casos todo apunta a ataques contra profesionales de la comunicación, es decir, se trata de atentados contra la libertad de expresión, contra quienes con su trabajo diario buscan informar y orientar opiniones, corregir desvíos, denunciar abusos, complicidades, etcétera, en una larga cadena de corrupción que ha envilecido la convivencia pacífica y democrática.

Si la salud de un país debe medirse por el nivel de la libertad de expresión y su democracia, tenemos que asumir que en ambos terrenos las cosas no están bien, que las cosas se pudren. En un olor cada vez más insoportable. Los responsables de las instituciones de procuración de justicia están obligados a investigar y llegar hasta donde se tenga que llegar.

Son golpes criminales contra las personas y contra una profesión que tendría que ejercerse con toda libertad, con excesos incluso, porque estos son preferibles a lo que estamos viendo, a lo que se vuelve un lugar común en toda la geografía nacional, donde grupos criminales pueden también "levantar" y despojar a periodistas de sus pertenencias, incendiar sus vehículos, golpearlos, vejarlos, amagarlos.

Para colmo, al asesinato de Valdez Cárdenas se sumó otro, el de Sonia Córdova, subdirectora del semanario El Costeño, de Autlán, en el estado de Jalisco.

Hasta los familiares de los periodistas, como sucedió en este hecho, están resultando afectados, pues uno de los hijos de Córdova, Jonathan Rodríguez, quien ya había sido víctima de secuestro en un par de ocasiones, también fue asesinado. Desconocidos los atacaron a balazos frente a una tienda comercial.

En todos los casos de compañeros asesinados por sicarios, la condena debe estar acompañada de resultados en contra de los mensajeros de la muerte, como los que se siguen esperando de muchos otros que se han perpetrado desde que comenzó esta guerra contra el narcotráfico y sus cómplices. Ojalá los haya. Y pronto.

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