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Viernes , 20.07.2018 / 17:26 Hoy

Sin titubeos

Los veneros del derroche

Diana Mancilla

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A la vista de la opacidad y evidentes "desvíos" de gobiernos, los ciudadanos tienen razón en molestarse ante los aumentos a las gasolinas que, como en cascada, producirán otros en productos y servicios, desde los de la canasta básica, hasta el transporte público de pasajeros.

La gente que no tiene vehículos ni consume gasolina, que suman millones, serán al final los paganos de políticas erróneas y corruptas.

Complicado inicio de 2017, luego de un año que tampoco ha sido para festejar, sobre todo por los golpes especulativos contra el peso en los últimos meses de 2016.

De algún modo esto es lo que se halla en el fondo de los aumentos a combustibles pues, como se sabe, el país dejó de crear la infraestructura, como refinerías, para producirlos. La extracción de la materia prima no cesó, pero se tuvo que recurrir al exterior (Estados Unidos) para contar con esos energéticos.

A ello hay que sumar el hecho de que Petróleos Mexicanos (Pemex) quedó con instalaciones obsoletas y los proyectos de crear refinerías, como sucedió durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, quedaron en una nueva versión de la "Estela de Luz", es decir, un monumento a la corrupción y a la opacidad. En la cresta de una ola más patriotera que patriótica, se le denominó incluso "Refinería del Bicentenario", y se dio al estado de Hidalgo la supuesta sede. Nada. Pura pantalla con el consabido derroche para el proyecto.

Previamente, en los años en que se podía escuchar el ilusoriamente optimista discurso de "administremos la abundancia", con Vicente Fox Quesada al frente del Ejecutivo, los excedentes petroleros fueron a parar a manos de gobernadores que, si por algo destacaron, fue por sus obras faraónicas inservibles, proyectos sacados de la manga para justificar la canalización de esos fondos, de los cuales nadie se beneficia ni se acuerda porque justo no sirvieron para nada.

Fuera miles de millones de dólares canalizados a promover figuras personales y elefantes blancos, en vez de destinarse a la creación de infraestructura que permitiera a la paraestatal ser menos dependiente del exterior.

Y esto es solo una parte de esa historia que ha hecho del petróleo nacional, además de una fuente de corrupción permanente, saqueo indiscriminado para servir a políticos inescrupulosos y a dirigentes sindicales de un gremio que también ha sido un fardo muy pesado para la evolución de Pemex, vía salarios, jubilaciones y "otros" repartos al amparo del abuso.

Algunos observadores han preguntado cuál es la razón para no reducir las erogaciones por las jubilaciones de Pemex, que constituyen una loza, ya no para la paraestatal, sino para el erario, pues debe recordarse que sus pasivos laborales se hicieron deuda pública y debemos pagarla todos. Esta sería una fuente para atenuar el histórico y permanente derroche de fondos públicos.

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