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Miércoles , 19.09.2018 / 06:13 Hoy

Sin titubeos

LIX Legislatura

Diana Mancilla

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El Poder Legislativo mexiquense está representado por nueve fracciones partidarias, una más que la pasada. Un amplio espectro en el que se tendrá que privilegiar el diálogo para buscar el consenso, lo cual no quiere decir que todo será terso pues ese espacio es justo donde se genera la polémica y el debate.

Como era de esperarse, el PRI tendrá la presidencia de la Junta de Coordinación Política, en manos de Juvenal Cruz Roa, y para el primer periodo de sesiones, Arturo Piña, del PRD, a la presidencia de la mesa directiva.

Esto es un buen signo, pues reconoce al sol azteca como segunda fuerza con sus 12 diputados y se envía un mensaje de respeto por las demás fracciones, en busca de la inclusión y el entendimiento.

No obstante, ellos, junto con los 11 diputados panistas, los seis de Morena, los dos del PT y otros dos de Nueva Alianza, así como los tres que cada uno tienen PVEM, Movimiento Ciudadano y Encuentro Social y los 45 del PRI, tendrán algo más que solo buscar acuerdos pues, si bien son necesarios, conforme pasa el tiempo la figura del legislador se hace cada vez más insostenible en términos de decoro y desempeño.

Por ejemplo, se ha puesto en la mira a más una docena de diputados que no cuentan con estudios de licenciatura; es decir, si en las elecciones de junio se habló de candidaturas impuestas por compadrazgos y una sucesión de clanes familiares, ahora cargará con otro sanbenito.

Es cierto que lo "dotor no quita lo tarugo" y que pergaminos académicos y honores no hacen mejores personas ni brillantes servidores públicos, pero es otra raya al tigre, mal visto de por sí, que deberá atenuarse. Eso se consigue con trabajo, responsabilidad y dignificando el cargo antes que denigrarlo más.

Es una tarea que deben enfrentar los legisladores, estar en sus distritos para hacer gestión, pulsar la situación y proponer modificaciones a las normas y una justa asignación en presupuestos para atender los reclamos ciudadanos, entre otras encomiendas, como la fiscalización.

Están obligados, sí, a seguir directrices partidistas, pero más a empolvarse los zapatos y escuchar a la gente que espera respuestas en rubros como la seguridad, talón de Aquiles de las administraciones; más y mejores empleos, centros de salud y hospitales, más infraestructura educativa; transporte público digno y eficiente, y, en fin, trabajo, trabajo y más trabajo.

Es de esperarse que los líderes de las nueve fracciones superen inercias partidarias y correspondan a la confianza de los electores. Cada comienzo es una nueva oportunidad y eso es lo que hay que aprovechar.

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