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Domingo , 22.07.2018 / 04:55 Hoy

Sin titubeos

La rebelión de las bases

Diana Mancilla

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Desde hace tiempo que el PAN ha requerido algo más que un bisturí. Copado por lo que al interior se ha denominado como "ondas gruperas", visto como un organismo solapador de las peores corruptelas no solo por parte de sus funcionarios sino de sus dirigentes, derrochó en poco tiempo un capital político largamente construido que nadie ha podido explicar.

Lo de menos es perder el poder, que en una democracia es cosa natural, pero la forma: cómo se llegó a la autoaniquilación de los referentes mínimos pero vitales, el de una vida democrática donde la discusión, el debate abierto lo caracterizó y nutrió visiones y plataformas políticas.

En los últimos años hasta los cuadros jóvenes se volvieron viejos, muy vistos, asidos a los grupos y a sus métodos de elección: "estás con nosotros, estás adentro", así su historial político no recoja más que candidaturas plurinominales (alcanzadas por el "dedo" en turno) pobres intervenciones y nulas propuestas o acciones en su desempeño.

Muchos que no formaron parte de esos grupúsculos se fueron luego de que su trabajo de años y aspiraciones toparon con indiferencia o sabotaje. Vieron que la democracia interna se tornó en una farsa grotesca como el combate a la corrupción, tanto interna como externa. Discurso y poses, nada más.

Por eso ha llamado la atención candidatura de Javier Corral para dirigir al PAN: "Simplemente voy a organizar y articular la rebelión de las bases. Traigo las mejores armas, las que Gómez Morín llamó irresistibles: las ideas, los valores del alma. Ni tenemos otras, ni las hay mejores", dijo en un artículo periodístico el senador, un sobreviviente de las "purgas" gruperas.

Por otra parte, Ricardo Anaya, quien sustituyó a Gustavo Madero para que buscara una curul federal plurinominal (luego le regresó el cargo de presidente del CEN) se ha lanzado también y ha dicho que busca la "regeneración" del PAN, lo que esto signifique pero que alude a malos elementos que, después de sus correrías y andadas, pretenden volver al "camino del bien", lo que esto sea.

Lo cierto es que el PAN no volverá a ser lo que fue (los muertos no reviven, salvo en padrones electorales y nóminas) pero tendrá que apelar a lo que le queda de dignidad en sus militantes para salir del hoyo en que está metido.

El PAN podía mostrarse sin problemas como una opción ante los electores. Hoy no es peor ni mejor que los demás sino uno más, lo cual va más allá de un movimiento agitatorio para sacar o nulificar a unos, o de una simulación que se pretende recuperadora para la conservación de otros.

Ojalá que esta "rebelión" y esta "regeneración" no termine con todos los protagonistas con un cuchillo entre los dientes, como en los últimos tiempos.

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