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Jueves , 18.10.2018 / 15:40 Hoy

Sin titubeos

El árbitro electoral

Diana Mancilla

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Por años, en los partidos de futbol el árbitro estuvo condenado a portar una negra indumentaria que, por errores humanos o generados por la rijosidad de los jugadores, lo hicieron blanco predilecto de todas las burlas y rencores, y hasta su misma actividad llegó a ser motivo de sorna: ¡por eso te dicen árbitro... por arbitrario!

En asuntos electorales, y a diferencia de las contiendas deportivas, el mejor árbitro es el que sí se ve, con esa rara tendencia de los actores políticos por diseñar marcos legales de una rigidez que, por un lado, desnuda la poca civilidad de los protagonistas y, por otro, convierte a sus promotores en los primeros en intentar transgredirla.

Lo estamos viendo en el caso del Estado de México que renovará Poder Ejecutivo el año próximo. Sin embargo, envía algunas señales que abonan a la generación de confianza pues hay muchos acelerados que andan a la búsqueda, legítima, de abanderar a sus partidos políticos.

Contrario a lo que sucede en el ámbito federal, donde el dirigente del PAN, Ricardo Anaya Cortés, es objeto de señalamientos de inequidad, incluso por parte de aquellos que fueron expulsados por apoyar al PRI –Manuel Gómez Morín, de Naucalpan, abajofirmante con Felipe Calderón y 17 más–. En el Estado de México los líderes de las principales fuerzas políticas no han dicho abiertamente que buscan ser candidatos para el gobierno estatal, aunque ninguno diría que no para satisfacer "a las bases".

Pero el cúmulo de aspirantes ha provocado una avalancha de propaganda por parte de varios personajes que se han puesto en la mira, como Alfredo del Mazo Maza, en el PRI, por sus informes legislativos, e igual ha sido el caso de Juan Zepeda Hernández, por parte del PRD, a quien el Instituto Nacional Electoral (INE) le ordenó bajar espectaculares y toda la propaganda inherente a sus "labores" como diputado.

El resto deben poner sus barbas a remojar y dejar para mejor ocasión el despliegue de recursos porque el Estado de México inició ya su proceso para la gubernatura y nadie puede dar gato por liebre sin que sea detectado.

Como en este caso, es de esperarse que el árbitro actuará contra quien no cumpla con las disposiciones, diseñadas y elaboradas por los propios partidos políticos, que se supone lo hicieron con el ánimo de generar condiciones de equidad en procesos electorales, es decir, una democracia menos sometida a caprichos o antojos de los actores.

Toda esa fuerza, esos recursos, probablemente le harán falta a los que ahora hacen alarde de músculo y dispendio, porque se espera un proceso intenso, de estira y afloje, con temas que ameritan debates a profundidad.

En este sentido, los partidos políticos, sus dirigentes y sus militantes están obligados a no hacer las cosas más complicadas, a colaborar y a darle atractivo a la democracia, ahora que la gente se ha mostrado muy desencantada justo por este tipo de actuaciones.

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