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Martes , 19.06.2018 / 02:55 Hoy

Sin titubeos

Drogas, educación y salud

Diana Mancilla

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Con el amparo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a cuatro ciudadanos para que puedan sembrar y producir mariguana con fines recreativos para autoconsumo, se abre un debate que hacía falta para determinar un rumbo distinto sobre el combate a las drogas.

El recuento de daños, más que de beneficios, durante los últimos 40 años, obliga a modificar una visión punitiva para encaminarla por otras vías que, al mismo tiempo que permitan dar un enfoque de salud, garanticen la libertad de las personas adultas a decidir.

Desde que se le declaró la guerra al narco, en el sexenio de Felipe Caderón, y se hizo partícipe de ello a las fuerzas armadas, quedó en evidencia que esta medida, en vez de aliviar el problema, lo recrudeció. Los muertos no hablan, pero sin duda son testigos de ello.

A lo largo de la historia, las políticas prohibicionistas han mostrado su fracaso pues, además de que las drogas se venden en cualquier lado, impulsa un poder inusitado en las bandas criminales, sobreponiéndose incluso a las acciones de los poderes constitucionales. Esto no debe seguir.

He comentado la necesidad de despenalizar no solo el consumo de la mariguana, sino también su producción y distribución, pues si entre los objetivos está minar el poder de los carteles, nada mejor que quitarles el monopolio.

Eso no va a eliminar la violencia de facto. Los criminales siempre buscarán alternativas pero, ante ello, el poder público tendrá que mostrar que dispone, en caso necesario, del monopolio que le otorga la ley: el de la violencia.

¿Estamos listos para ello? No. De hecho, en algunos casos, como Portugal, por ejemplo, se experimentó un "boom" de consumo tras la despenalización, pero una vez satisfecha la curiosidad inicial los indicadores bajaron, igual que los índices de criminalidad.

Otras naciones han pavimentado poco a poco el camino. Por eso, de manera paralela a la discusión para tratar por otras vías un fenómeno que carcome por igual a las instituciones públicas que a los adictos, habría que pensar en combatir este mal con estrategias de información, dándole también un enfoque de salud.

Un ciudadano más informado, incluso persuadido de las consecuencias, será menos vulnerable a las adicciones. No basta con decirle que las "drogas matan" pues lo mismo sucede con el alcohol, el tabaco y ahora hasta los aparatos móviles, que también son muy adictivos.

Desde la enseñanza básica se tendría que poner a disposición de los menores la información que oriente y guie sus acciones pues, a final de cuentas, las medidas punitivas no han impedido que se produzca, comercie y consuman drogas, que ahí han estado y seguirán, nos guste o no.

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