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Domingo , 22.07.2018 / 23:44 Hoy

Correr para crecer

Afortunadamente falló

David E. León Romero

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“Actúa como un caballo.
Sé tonto. Solo corre”
Jumbo Elliott
Entrenador estadunidense

Llevaba años sin poder romper mi récord personal y estaba decidido a por fin lograrlo. Horas antes del disparo de salida, caminé por la ciudad detallando la estrategia. La herramienta indispensable para llevarla a la práctica era el reloj que ocupaba mi muñeca, un aparato sofisticado que hasta ese momento me dictaba qué era posible y qué no durante el maratón.

Conocía el paso que debía mantener y el reloj se encargaría de obligarme a cumplirlo, ni más rápido ni más lento. A la par, daría seguimiento puntual a mi frecuencia cardiaca evitando así excederme hasta tronarme.

Estaba listo, los nervios y la ansiedad se ubicaban en un hueco en la boca del estómago. Se cantó el himno, hice una breve oración por mi esposa y mis hijos, ofrecí mi esfuerzo por el bien de mi país y de mi familia, y arranqué a toda prisa.

Habían transcurrido algunos minutos y tenía la sensación de correr a buen ritmo, sin embargo, al ver la pantalla de mi reloj, me llevé la sorpresa de encontrar datos completamente fuera de la realidad. Pensé que sería una falla pasajera, pero ante la revisión constante, el reloj arrojaba datos absolutamente incorrectos.

Presa de la angustia y la desesperación tomé la decisión de apagarlo y apretar el paso, procurando administrar la incomodidad que me producía la velocidad. Al cruzar el medio maratón, expliqué brevemente entre jadeos a un corredor australiano mi plan de carrera y la problemática por la que atravesaba.

Me escuchó pacientemente, volteó a ver su reloj, revisó la velocidad a la que corríamos, el tiempo transcurrido, la distancia recorrida y después de un breve silencio concluyó tajante: “vas demasiado rápido y a este paso no solo no romperás tu récord, sino que tampoco terminarás la carrera”.

Corrí con libertad, sin un reloj que me limitara, ignorando al australiano calculador y poniendo sobre la mesa el sacrificio de meses a cambio de un resultado apropiado. Llegué a la meta con los brazos en alto, el llanto en el rostro y muchísimo tiempo a mi favor. Afortunadamente mi reloj falló, rompí mi récord por una ventaja jamás planeada y aprendí que vale la pena ignorar a todo aquello que te dicta que algo es imposible.

Abastecimiento: ¿Conoces a Karl Meltzer? http://karlmeltzer.com.

Twitter@DavidLeonRomero

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