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Domingo , 23.09.2018 / 08:03 Hoy

En la tormenta

Una mesa para asumir y exigir responsabilidad

David Herrerías Guerra

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No nací en León, pero este es el espacio en el que crecieron mis hijos y en el que he ido entretejiendo los años más productivos de mi vida con los de muchas y muchos leoneses. No puedo ver a nuestra ciudad sino con el gran cariño agradecido de un hijo adoptivo. Pero esa mirada no me oculta las grandes lacras y vergüenzas, que debido a decisiones públicas y a omisiones ciudadanas, hemos dejado crecer y asentarse en nuestro territorio. Construimos, a lo largo de los años, una ciudad desigual y con condiciones muy precarias para el desarrollo de las mayorías.

Constatamos, con datos cada vez más contundentes, que la ciudad apacible y segura en la que creíamos vivir está cada vez más lejos. En los últimos tres meses, según el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, han aumentado en Guanajuato cinco de los 10 delitos de alto impacto. La cifra negra, es decir, los delitos que no se denuncian, se calcula en un 94%. Pero como ya lo ha dicho nuestro Alcalde, la delincuencia y la violencia no son la enfermedad sino los síntomas. Ante esto no queda más que ser responsables.

Responsabilidad es una palabra con al menos tres significados. Por un lado es la obligación de hacerse cargo de las consecuencias de los actos propios. Responsabilidad también se entiende como la obligación formal de encargarse de una función o tarea. Es la responsabilidad como compromiso formal o legal.

Pero responsabilidad es también, desde una perspectiva más cercana a la ética, el sentimiento que surge frente a una realidad que me interpela, que me obliga a responder al llamado del que me necesita. Me llama a la acción aunque yo no me sienta el responsable/culpable de la situación y aunque no sea el responsable/formal que supuestamente debiera de dar la respuesta. Este sentirse responsable es un impulso más vital y empático, que surge desde la misma filiación humana, desde el auténtico derecho insatisfecho del otro que me apremia y me impulsa a salir de mi zona de confort y de privilegio.

Si un niño es arrojado al agua, quien lo arrojó es el responsable/culpable y el salvavidas tiene la responsabilidad/formal de salvarlo. Pero cualquier persona con un mínimo de conciencia se sentirá exigida a responder y salvar a ese niño en ausencia del salvavidas. No hacerlo sería un caso de omisión irresponsable.

Los funcionarios a los que les hemos asignado los recursos y el poder de decisión para las tareas de desarrollo social y de seguridad, tienen la responsabilidad mayor y manifiesta de atender la falta de paz en nuestro municipio; pero a los demás, hombres y mujeres que vivimos frente a esta realidad escandalosa, nos toca también dar una respuesta. La participación ciudadana es un derecho y es condición indispensable para una democracia participativa madura, porque por buenos y bien intencionados que sean los gobiernos, la contraparte organizada de la ciudadanía será siempre necesaria. La participación ciudadana es un imperativo ético.

El día de ayer se instaló formalmente la Mesa Ciudadana de Seguridad y justicia. Esta mesa es un modelo que ha sido probado a nivel nacional y que ha sido piedra angular en la transformación de las condiciones de violencia en casos tan extremos como el de Ciudad Juárez. Se trata de sentar en la misma mesa a las autoridades de los tres niveles de gobierno, responsables formales de la seguridad y la justicia, con un grupo de ciudadanos diverso, autónomo y apartidista, para construir una agenda común en torno al tema de la seguridad. Se busca con esto ayudar a coordinar las acciones y estrategias de todos los involucrados en el tema; hacer un seguimiento de los éxitos y retrocesos en materia de seguridad y, sobre todo, buscar dar continuidad a lo que funciona bien más allá de las modas y calenturas trianuales o sexenales. Requiere de la participación ciudadana, pero también de la voluntad de las autoridades para dialogar con franqueza. Hasta ahora, parece estos ingredientes están presentes en León.

Podemos dedicarnos a buscar y señalar a los responsables/culpables del desastre. No es que sea ocioso –si con eso construimos un dique a la impunidad– pero es más importante asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y crear los mecanismos para exigir responsabilidades a quienes tienen el privilegio de estar en el servicio público.

La Mesa de Seguridad y Justicia es una respuesta, no es la única ni suficiente para transformar nuestra realidad. Deberán seguirse construyendo propuestas ciudadanas, especialmente las que se avoquen a la solución de los problemas que están en la raíz de la violencia: la inequidad y las condiciones de pobreza y marginación.

Los que nos sumamos a esta Mesa lo hacemos movidos por la urgencia de responder y con la esperanza de que pueda ser una herramienta eficaz y valiosa para construir una paz verdadera.

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