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Sábado , 15.12.2018 / 10:29 Hoy

En la tormenta

Cárdenas, más allá de la expropiación

David Herrerías Guerra

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El lunes pasado, se cumplieron 77 años de la muerte de León Trotsky, y el martes, Cuauhtémoc Cárdenas presentó en la Ibero su libro "Cárdenas por Cárdenas". Los dos hechos se relacionan, obviamente, porque fue el Presidente Cárdenas quien dio asilo político a un hombre que era un apestado: había sido expulsado no sólo de su país, sino de otros países que le habían dado asilo temporal: Turquía, Francia y Noruega. Trotsky no era grato ni para tirios ni para troyanos; ni para los comunistas ortodoxos, azuzados por el estalinismo; ni para los capitalistas, asustados por el comunismo. Eso resalta una faceta del General que pudiera ser una de sus principales virtudes: su capacidad política para negociar, a nivel internacional y nacional, y poder actuar en cualquier circunstancia a favor de sus principios.

No he alcanzado más que a leer páginas salteadas en estos dos días, del libro de Cárdenas, el hijo, sobre su padre; pero alcancé a leer el capítulo en el que da cuenta de la política exterior en el sexenio Cardenista; de varios de los dilemas que supo enfrentar en la relación con otras naciones, especialmente, manteniendo los principios relativos al derecho de asilo y a la defensa de la independencia de los países frente a las potencias extranjeras. Es de todos conocida la hospitalidad que tuvo Cárdenas con los refugiados republicanos españoles, que enriquecieron a nuestro país en muchos sentidos. Pero la recepción de los exiliados no fue acogida con beneplácito por muchos, que veían en ellos una estrategia "para establecer fuerzas de choque contra los intereses, tradiciones y valores del pueblo mexicano". Frente a ello, Cárdenas defendía los principios humanitarios del asilo, y además, el beneficio que traerían al país. En sus propias palabras: "Es benéfico para nosotros; vienen exclusivamente como gente de trabajo, no como políticos. Poco importan las ideas que hayan sustentado en su patria: aquí serán expresamente trabajadores". Tenía razón, y para muestra basta un botón: 35 profesores exiliados fundaron La Casa de España, que más tarde, en 1940, se convirtió en el prestigiado Colegio de México.

Es verdad, que en las decisiones sobre a quiénes apoyar preferentemente, había una línea ideológica muy clara. Pero el asilo de Trotsky habla de la legítima preocupación del Presidente Cárdenas por el derecho humanitario al asilo. Porque a diferencia de los otros exiliados, este renegado, como lo llamaba Stalin, no podía traerle más que problemas. Los comunistas locales se alineaban, mayoritariamente, bajo el estalinismo. Éste era un grupo que, aún siendo radical, apoyaba buena parte de la política cardenista. Ellos vieron siempre con muy malos ojos al exiliado, al grado de organizar el primer atentado contra la vida del soviético. Por otro lado, para las relaciones con los norteamericanos, de por sí álgidas por la cuestión petrolera, recibir a un bolchevique de ese tamaño al sur de su frontera, debía parecerles provocador, y una confirmación del rumbo "demasiado comunista" que tomaba nuestro país. Sin embargo, Cárdenas aceptó al exiliado gracias a la mediación de Diego Rivera y le dio todas las facilidades, si bien, nunca se encontró personalmente con él. Stalin había doblegado a los gobiernos de Francia y Noruega, obligándolos a negar el asilo o presionándolos para mantenerlo en un aislamiento casi absoluto. Cárdenas plantó cara a ese otro imperialismo y le dio un asilo mucho más benevolente que el que nunca tuvo Trotsky.

¿Qué cálculos hizo el General como estratega para salirse con la suya? Si bien actuaba según un principio básico de humanidad, no es probable que estuviera dispuesto, como no lo estuvieron los otros países, a sacrificar la seguridad nacional o principios más altos por un solo hombre. Parece que Cárdenas tenía esa habilidad especial para analizar el contexto internacional y jugar con los contrapesos, para mantener la soberanía y moverse con cierta autonomía. Eso fue patente también en la expropiación petrolera. Como lo dijo su hijo, en la presentación de su libro biográfico, es probable que el General no pensara en la expropiación desde el principio. Había creado, eso sí, una primera empresa petrolera mexicana que competía con las extranjeras, y había fomentado la organización de los trabajadores petroleros en un sindicato organizado. Eso derivó en una huelga y en un conflicto que llegó a la Suprema Corte, y una vez que las compañías se negaron a reconocer el fallo del máximo órgano judicial del País, el problema ya era contra el Estado Mexicano. Las petroleras se sentían seguras por la historia de resultados tan desiguales en todos los conflictos entre nuestras naciones, pero Cárdenas tenía leído mucho mejor el contexto internacional, y calculó bien que un país como Estados Unidos, a punto de entrar en una guerra en otro lado del mundo, difícilmente querría tener un enemigo en la frontera sur.

Cárdenas es, como lo enfatizaron en la presentación de su libro, un personaje que va mucho más allá de la expropiación petrolera. Fue un Presidente que supo negociar con el mundo. La habilidad de Cárdenas como Político –así, con mayúscula– es ejemplar, por su claridad de miras y su capacidad para llevar a cabo sus ideas y defender la soberanía nacional. En lugar de llevar flores al Tata Cárdenas cada 18 de marzo, valdría más la pena leer su biografía, especialmente en estos tiempos de negociaciones de tratados y vecindades incómodas.

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