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Viernes , 22.06.2018 / 21:52 Hoy

Déjame te pregunto

¿Mestizos somos y en el camino andamos?

David Aarón Cárdenas

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Hace ya varios días que se celebró el día mundial de los pueblos indígenas, por acá en Hidalgo a pesar de que existen múltiples pueblos, poco se dijo y se hizo, un homenaje por aquí una ceremonia por allá, aunque reconozco que a nivel del estatal si se efectuó el evento correspondiente.

Este año el día de los pueblos indígenas se centró en el derecho que tienen todos ellos a la educación, ahí se habló y mucho, de la cuenta que se tiene pendiente que es enorme y ancestral, varios salieron al paso desgarrándose las vestiduras exigiendo proteger y cuidar la educación sobre todo de los niños indígenas para que sus tradiciones no se pierdan en el futuro.

Mucha demagogia en el suceso, porque siguen siendo un sector completamente discriminado y más por nosotros como mexicanos mismos, hace un par de años un estudio arrojó que un 80% de gente de México afirmaba que había racismo en el país, e irónicamente un 95% decía también que nunca había discriminado a nadie, estamos pues dentro del problema que criticamos y por tal motivo no lo podemos ver.

Pareciera que no hemos dejado de asociar al indígena con alguien que presenta retraso, que es ignorante y que tiene una posición inferior a la nuestra, y buscamos huir y renegar de esas raíces nuestras, pero al mismo tiempo de forma paternalista buscamos también protegerlos de ser maltratados, es querer ayudar pero “por fuera”, nunca de fondo y entendiéndonos como parte de ellos, es como si tratáramos de huir de nuestras raíces. Coloquialmente entre nosotros todavía hablamos peyorativamente de “mejorar la raza”, si uno es el menos moreno de una familia hasta le decimos el “güero” o aun peor, cuando nos topamos con aquellos acomplejados que dicen tener sangre extranjera directa y que se “sienten” de otro mundo.

La realidad es que este nuestro México, con Hidalgo incluido tiene una larga tradición de racismo contra las personas indígenas, y que más allá de discriminar a la gente por su cultura, religión, idioma o dialecto, está más relacionada con su apariencia, aunque usted no lo crea y así de simple, si una persona tiene rasgos indígenas o similares, tiene altas posibilidades de ser señalada y discriminada.

Lo anterior tiene su origen desde la colonia, ya que se implantó la idea colectiva de que la raza blanca (la dominante en aquella época) era la mejor, la más refinada, la más inteligente, la más preparada, por ello educaron a todos a querer ser así, incluso al indígena mismo que termino viendo al blanco con admiración, desde ese entonces este estigma lo venimos cargando.

Sin embargo y siendo claros, todo sabemos que en estas tierras la gran mayoría es o indígena o mestizo, y lo más seguro es que usted y yo lector mío, seamos el producto de una mezcla de razas.

Esta mezcla de razas es parte de nuestra cultura, esta verdad es irrevocable, somos el producto de dos mundos el indígena y el español que dan lugar al pueblo mexicano.

Expresiones como “que bueno que le salió güerito el niño” o “está bien bonita tu hija porque es blanquita” denotan una cruda y dura realidad que de a diario se vive entre nosotros, discriminamos y a nivel inconsciente, ya ni siquiera lo notamos.

Lo anterior incluye a la triste frase de: “Pinche indio”, que con todo el dolo se dice para lastimar a alguien, asumiendo que el ser indígena denota inferioridad de raza e intelecto, que más bien habla más de quien lo dice que de quien recibe el supuesto insulto. Así que esta palabra usada como insulto implica esa asociación con lo feo, lo ignorante, lo “jodido”.

Debemos reconocernos como una mezcla, como mestizos, ya que igual que con la percepción que muchos tienen del machista, del homosexual, de la lesbiana, mientras no cambiemos esta idea tan arraigada de que lo indígena, lo moreno (por no decir lo “prieto”) es negativo y vergonzoso, de nada servirán todas las leyes antidiscriminación que tengamos, ni todas las celebraciones que en pro de aquellos que son vulnerables hagamos.

Aún continuamos siendo una sociedad hipócrita, que grita en público que a los indígenas les debemos de dar los mismos derechos, pero que cuando nos topamos con uno de ellos en la calle, en un centro comercial o en algún restaurante, lo observamos de manera “rara”, lo evitamos, lo ignoramos o peor aún lo menospreciamos.

Mucho por aprender debemos, y lo primero será reconocernos como lo que somos: mestizos mexicanos.

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx

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