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Domingo , 22.07.2018 / 17:32 Hoy

Sobre la mesa

Turismo: contaminación y desalojos

Daniel González Romero

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En días recientes recorrimos (tiempo de breves vacaciones), algunos sitios de las costas de Jalisco y Nayarit. El recorrido, no obstante la animación que significa visitar y disfrutar del placer del turística, ligada la costumbre de observar analizar todo con sentido crítico, nos llevo a reparar sobre lo que verdaderamente significa día a día el “impulso” del negocio que el turismo representa. Área de la economía mundializada del último medio siglo -entre las más importantes en el mundo-, con un crecimiento exponencial de mayores dividendos para las empresas trasnacionales del ramo y de otras vinculadas. No cabe duda que este ramo de la economía produce la festinada “creación de empleos”. Como tampoco hay duda, sobre la pobre o relativa calidad de estos en la economía liberal dependiente, no solo en este país. Solo que además del beneficio, contar con un medio natural exuberante, salarios mínimos, comunidades necesitadas y convenientes acuerdos con la burocracia y gobiernos; el institucionalizado riesgo del cambio climático y los temas ambientales parece que a la empresa turística y sus envolventes funcionales les tiene sin cuidado y avanza sin mediar equidad social y ecológica alguna.

Fuimos a Quimixto y puntos intermedios; a las Islas Marietas, playas de hoteles de varias estrellas, de 2 a 5, y allí encontramos la variedad de contradicciones que se producen y operan en este proceso con el fenómeno del turismo. Algo de esto ya lo tenemos conocido por trabajo de investigación ya realizados. Hemos visitado estos lugares por muchos años y podido notar como se ha trasformado todo ese litoral; de Puerto Vallarta, hasta la gran extensión de lo que se ha dado en llamar Riviera Nayarit, espacio ocupado por los grandes capitales, apoyado en políticas públicas de diverso nivel que han permitido no solo privatizar playas y difundir amenazas (si te acercas sin permiso de elite) por Litibu-Punta Mita, si no también obviar la aplicación rigurosa de las leyes y normas ambientales correspondientes, ya no digamos las elementales de derecho a los habitantes originales, desplazados; también a aquellos que ahora prestan los servicios indispensables para ese negocio.

Vertidos, mas o menos ocultos, de diversa calidad que salen de hoteles y poblados hacia el mar que contaminan playas y mar; algo nada fácil de explicar por más que se quiera. Podemos ver, en él recorrido de unos cuantos kilómetros hacia las Marietas (cuyo acceso esta hora restringido mientras alrededor se mueven cientos de turistas), se pueden ver plásticos y otros deshechos negativos sobre la superficie y al llegar sitio se encuentran las aguas marinas cristalinas, peces de colores y aves. Preguntamos, ¿hasta donde puede llegar el daño a la naturaleza ecológica? Y, ejemplo, encontramos que los habitantes de Peñón del Risco, que fueron desplazados y usurpada su propiedad mediante subterfugios burocráticos y protecciones oficiales; y en la playa de El Anclote los habitantes viven con la utilidad de su cooperativa; que por información no directa ni oficial reciben la noticia de que se prepara una nuevo desplazamiento, la pregunta renueva sus dudas y nos lleva a pensar ¿hasta donde el negocio turístico va ha llegar? ¿en verdad que beneficios genera y para quien?

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