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Sobre la mesa

Territorio nacional en concesión

Daniel González Romero

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Durante el reciente Seminario, “La Ciudad: transformaciones sociales y cultura democrática”, realizado en el marco de Ciudadsiglo21, que se viene realizando en la Biblioteca Pública “Juan José Arreola”, realizo una conferencia el Arq. Jaime Martínez Veloz, Comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, (Secretaría de Gobernación). En su disertación, puso sobre la mesa de debate la condición de abandono en que se encuentra la mayoría de los pueblos indígenas del país - lo que ya en sí de alguna manera se conoce- a pesar de los discursos oficiales que inundan los medios de comunicación. Explico las acciones y acuerdos que se están trabajando con las diversas etnias, sin embargo agrego la dispersión de las actividades que se desprenden de los niveles de gobierno e instituciones que se dedican a trabajar a favor de la conservación de las culturas originales y de mejorar sus condiciones de vida. Lo cierto, como signo, es que la pobreza material que sufren estos pueblos es una lacra que parece no pueden ver con claridad las autoridades y no existen políticas públicas y programas suficientemente sólidos para que tengan efectos positivos en la calidad de vida y el respeto a estos habitantes de México.

Pero entre todo lo que se comentó, salto información que revela lo que en el fondo pasa en la configuración de una nación cuya clase política y el poder económico hace frente a la construcción de su futuro, que no es sino el de millones de personas. El futuro de una nación -si así se puede pensar- que se encuentra en la encrucijada que mezcla la inmensa pobreza de millones y los privilegios de unos cuantos. Que se agrega a los vaivenes del capital extranjero sobre la explotación de los recursos naturales del territorio nacional, ese espacio geográfico que se dice pertenece a todos.

La información que se expuso forma parte de un estudio de la SEGOB -la que por cierto ha aparecido ya en medios de circulación nacional, aunque no en aquellos que influyen masivamente hoy, como lo hace la televisión –. Esta, que luego se tornó en interesante discusión, dejó perplejos a los asistentes, cuando se comentó que desde el gobierno de Ernesto Zedillo (que casi regaló los ferrocarriles), luego con los de Vicente Fox y Felipe Calderón (entre 2003 y 2012), se han entregado concesiones de explotación minera por más de 95 millones de hectáreas, una gran parte de ellas a empresas canadienses. O sea, se han entregado permisos de uso y explotación de los recursos naturales del país que significan casi la mitad del territorio nacional. Y aunque no todas están vigentes o activas, aproximadamente una sexta parte de la superficie, caso 30 millones de hectáreas se encuentran en proceso de explotación. Más de dos millones de hectáreas se encuentran en zonas indígenas. A esto hay que agregar, que no solo se destruye y transforman las relaciones entre los pueblos y sus culturas, sino que además, grave es, se deforesta y se contamina, y de esta forma los hoy multicitados impactos del cambio climático se anulan y dejan entredicho cualquier discurso, y programa sobre este problema. Peña Nieto ha concedido también alrededor de un millón y medio de hectáreas.

Todo esto se mezcló con los temas de las leyes secundarias de telecomunicaciones y de energía, entonces aún en proceso de aprobación. Pero si agregamos a estas lo de pesca, turismo, producción industrial y esquema comercial, etc. la circunstancia de pensar en un país en concesión no queda lejos de cualquier reflexión seria, incluso traída a la fuente de la relación de dibujar un panorama repleto de procesos de participación pública-privada. El territorio, aún pensando en lo de la globalización económica y sus efectos, no se puede dejar entre la duda de una cierta soberanía y los intereses del poder local y trasnacional.

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