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Sábado , 26.05.2018 / 22:51 Hoy

Columna de Cuauhtémoc Carmona

Estado y cultura

Cuauhtémoc Carmona Álvarez

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El anuncio del presidente Enrique Peña Nieto de crear la Secretaría de Cultura es la respuesta a un reclamo histórico que las comunidades artística e intelectual han demandado con más puntualidad en la última década. Entrados en el siglo XXI y, a diferencia de imponer la separación de la cultura y el Estado como lo propuso José Vasconcelos (según Carlos Monsiváis en "Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX", Historia general de México, El Colegio de México), hoy más que nunca la relación entre ambos elementos se vuelve simbiótica al considerar a la cultura, según el Presidente, "como una prioridad nacional para impulsar el desarrollo integral de los mexicanos".

Implementada la reforma educativa, la cultural ocupa un lugar central en la definición de la agenda pública, donde no habrá que encontrar el hilo negro de los bordados tzotziles sino ponernos de acuerdo en la agenda cultural sin descuidar la identidad como pueblo y nación con una riqueza arqueológica, histórica e intelectual como pocas en el mundo.

Así entonces, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el órgano desconcentrado creado en 1988 —cuando desapareció la Subsecretaría de Cultura adscrita a la Secretaría de Educación Pública (SEP)—, hoy fenece para convertirse en una dependencia. Para ello, el camino debe ser el mismo que tomó la reforma educativa a través de una consulta nacional. La comunidad artística e intelectual debe ser escuchada por un gobierno abierto y de frente a la sociedad para evitar políticas unidireccionales de una generación política que debe replantear también su relevo.

El tema es estructural, más allá de quienes apuestan a señalar por dónde debe ir y con qué fines deontológicos debe contar la nueva secretaría. No se trata de replantear nuestras costumbres, creencias, saberes y formas de comunicarnos dentro de una sociedad multicultural y diversa como la nuestra, sino de que la cultura llegue a todos los mexicanos, principalmente a los 50 millones que viven en pobreza y que solo tienen como esparcimiento un televisor que ofrece una programación frívola y abundante en contenidos irrelevantes.

En ese sentido, no necesitamos replantear la cosmovisión de nuestra cultura, salvo que algunos iluminados, emulando a Los Siete Sabios, encuentren nuevos símbolos e identidades hasta ahora desconocidas. Pero mientras eso pasa, lo que debe cambiar es el funcionamiento de la organización cultural, en el que los mecanismos de participación ciudadana sean abiertos, y no el Club de Toby con los amigos de siempre.

Pero ¿cuál fue el origen del anuncio de la creación de la Secretaria de Cultura? La respuesta la encontramos en la reforma a nuestra Carta Magna con la adición al artículo cuarto que a la letra dice: "Toda persona tiene derecho a la cultura; a la creación cultural; participar en la vida cultural; gozar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones; beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora".

¿Qué significa esto? Que todos los mexicanos tenemos derecho a participar y a exigir cultura. Si la reforma educativa consagra que todo docente puede acceder de al sistema educativo nacional a través del ingreso, la evaluación y la promoción, además de aspirar a ser reconocido, mayúsculo reto tendrán quienes deberán garantizar, por un lado, el acceso a la cultura y, por otro, el ingreso de artistas a la formación y apoyo institucional de fondo, más allá de becas y apoyo asistencialista.

Interrogantes

El sector cultural debe replantear su organización y construir una dependencia articuladora. El derecho a la cultura, después del supremo derecho a la educación, debe ser el aliciente para que artistas, escritores, bailarines, músicos, arqueólogos, artesanos, creadores y todos aquellos que tienen como vocación preservar nuestra cultura desde distintas manifestaciones artísticas, planteen el horizonte desde una participación plural, equitativa, abierta y, sobre todo, incluyente.

En la construcción de la nueva secretaría existen muchas interrogantes, entre ellas las siguientes: ¿es necesario tener empresas de participación estatal mayoritaria en las que el accionista es el gobierno federal, como en Canal 22, Estudios Churubusco, Educal, Impresora y Encuadernadora Progreso y el Centro Cultural Tijuana, algunas de las cuales trabajan con números rojos? ¿Las estaciones de radio del sector cultural están cumpliendo con su cometido? ¿Necesitamos empresas u otro tipo de organismos?

Estoy convencido de que todas deben seguir con alguna fusión o transformación que robustezca las políticas culturales y amplíe sus coberturas, servicios y audiencias mediante el replanteamiento de sus estructuras y la regularización de sus prestaciones, como son los casos de los institutos nacionales de Bellas Artes y de Antropología e Historia, así como de Radio Educación, por mencionar solo algunas.

Además, la composición del subsector cultura es tan polisémico en sus estructuras jurídicas que nos encontramos con asociaciones civiles, fideicomisos públicos con y sin estructura, empresas paraestatales, órganos desconcentrados, organismos descentralizados, etcétera, con órganos de gobierno que poco deciden y cuya conducción es obsoleta. Los informes de gestión de las entidades culturales se basan en un documento emitido hace 25 años por Manuel Bartlett cuando era titular de la SEP. Han pasado 10 secretarios y el referido documento sigue igual.

Los retos para la implementación serán mayúsculos, y todos deben estar invitados a un debate que parta de que la cultura en el país no es poca cosa. Hago votos porque la discusión valore todo lo bueno que se ha construido en el camino en estos años por quienes han pasado por el Conaculta. La discusión debe centrar el análisis en el fondo y en una valoración a detalle de sus resultados a partir de una evaluación abierta y plural.

*Administrador público, especialista en temas de educación y cultura.


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