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Domingo , 23.09.2018 / 09:50 Hoy

La generación del miedo

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Toño se trasladaba en un microbús hacia la Prepa. Iba pensando en cómo organizar su tiempo para, en este último semestre buscar un trabajo y poder así financiar su próximo ingreso a la universidad. El vehículo iba atestado. Debido a ello, al estudiante de 17 años le tocó ir parado y se colocó en medio de la unidad para poder ir menos apretujado.

Al poco tiempo de haber abordado el vehículo, de pronto sintió que alguien se le arrimó demasiado. Quiso zafarse y recorrerse un poco, cuando el brillo de una navaja detuvo hasta su parpadeo. Al tiempo que lo amenazaba con el arma, el desconocido le dijo: “el celular y el dinero”. En cuestión de segundos, el delincuente lo despojó de lo que con tanto sacrificio había comprado. Ésta es una historia real. Ocurrió en Altamira en días pasados. En plena mañana...

En esa ciudad industrial, los asaltos a estudiantes se han vuelto hechos cotidianos. Los roban cuando van a la escuela, al salir de ésta, en el micro, en la acera, frente a testigos y a toda hora. ¡Ya basta! ¿Y las autoridades?

Pareciera que nuestros jóvenes deben “acostumbrarse” a la delincuencia. A vivir con ella. Son la generación del miedo. Duele e indigna que ya no puedan ni ir a la escuela en paz y tranquilidad. Hasta eso les han robado. No hay garantía de nada, porque la autoridad está rebasada y muchos ciudadanos optan por volverse ciegos, sordos y mudos, para no exponer su seguridad o sencillamente para evadir lo que consideran son broncas ajenas.

El asalto al jovencito Toño debió ser visto por algunos pasajeros del microbús, pero nadie intervino. Seguramente la navaja también petrificó a más de un testigo de estos hechos. Gracias a Dios el robo no pasó a mayores, pero la angustia y el terror vividos son momentos que no se desean a nadie. ¿Se tiene acaso que aprender a vivir con esto?

Los tres niveles de gobierno, desde sus respectivos ámbitos de competencia están obligados a dar seguridad a la población. Es un tema prioritario. No se vale que interese más lo político electoral que el problema de inseguridad.

Vivimos tiempos de intensa promoción política, donde se nos presentan genios que vendrán a resolver todos los males. Políticos persiguiendo candidaturas, partidos despedazándose en una lucha por el poder. Una parte de la sociedad apática, en su zona de confort, donde no pasa nada. Otra más en las redes sociales como válvula de escape. Y otros sufriendo la comisión de algún delito, que probablemente no denunciarán por miedo.

Y no, no son solo los jóvenes, la inseguridad la padecemos todos. Pero al menos nosotros conocimos ese otro México sin miedo.

Ellos parecen condenados a vivir con temor a ser víctimas de la delincuencia.

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