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Perfil de mujeres

Merit Ptah

Coral Aguirre

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Creo que la mujer es apta y tiene derecho de seguir todas las profesiones que sigue el hombre; creo que sus facultades intelectuales son iguales a las de éste; creo, en fin, en la mujer.

Laureana Wright (México, 1846-1896)




Alrededor del año 3000 AC, las ciudades del valle del Nilo y del Delta se unieron formando un inmenso reino cuyos linajes de semidioses y semirreyes gobernaron la nueva tierra. Acaso fue el reino más que de los reyes, de las reinas, y su última exponente fue sin duda la feroz y lúcida Cleopatra. La estirpe de estas mujeres era respetada y por aquellos tiempos tanto importaba ser hombre o mujer puesto que las prerrogativas para ellas se basaban en su inteligencia y sus actos, no en su sexo. Mucho después, al calor de los intercambios con Europa, los romanos se sorprenderán de las libertades asumidas por las egipcias y las romanas tratarán de imitarlas.

Sin ser origen Merit Ptah, es huella, porque forma parte de una pléyade de mujeres rotundas que tanto reinaban, es decir, hacían política, como se internaban en los saberes de las ciencias y las artes. Su nombre significa Amada del dios Ptah. Este dios era el señor de la magia, señor que construye, que pone ladrillos y tiene un poder sanador. Y es el primero con acento de mujer que se inscribe en la historia de las ciencias.

De ella sabemos su profesión, médica; su origen, el Antiguo Egipto, y su época, 2700 AC, aproximadamente. Vale decir, su pertenencia a la edad de Bronce. Sólo eso. Pero nuestros estudios nos dicen, por ejemplo, que su pueblo se plantaba en la praxis más que en la reflexión y que todos sus logros se fueron dando de modo empírico. De manera que la medicina nació pronto y con gran vigor, al punto que en el vasto mundo mesopotámico, los persas preferían los médicos egipcios a los suyos. Se enseñaba en las casas de la vida levantadas a la vera de los templos. En ellas se formaba específicamente a médicos por medio de prácticas controladas por los sacerdotes, prácticas que luego aquéllos ejercían con la clientela.

La única cosa que nos puede dar la dimensión de un ser humano real y no mítico es la descripción que hace su hijo, sumo sacerdote del imperio, quien la llamaba por su condición de médica jefe, la jefa de los físicos, lo cual significa con responsabilidad de mando. Las preguntas que nos podemos hacer son muchas, sin embargo todavía no se han podido hallar las respuestas ciertas. Si era una médica jefe, ¿daba cátedra?, ¿escribía tratados?, ¿era una médica general que tanto atendía a hombres como a mujeres? Nuestros interrogantes sólo hallan una respuesta visible y que da cuenta de su importancia: su imagen proyectada en una tumba en la necrópolis cercana a la pirámide de Saqqara, cuya forma escalonada es considerada la gran estructura en piedra más antigua de Egipto y del mundo. Con rostro armoniosamente bello y el tejido propio de las egipcias rodeándolo, parece más una doncella de labios sensuales que una científica.

Por otra parte, esta mujer que somos y hemos sido, ha sido siempre propicia para atemperar dolores y formar en la templanza. Nuestra participación en el desarrollo de la medicina y la cirugía ha podido ser documentada con una antigüedad aproximada a los 3500 años AC. De todo ello nos quedan grabados, textos cuneiformes, algunos escritos en sumerio o en asirio antiguo, pero, sobre todo, en esos testimonios pueden observarse descripciones en la atención de partos por mujeres sin ningún estudio, al igual que las parteras de nuestros pueblos latinoamericanos. Por ello mismo se pueden encontrar ginecólogas con identidad en estas épocas, pero no médicas. Y al parecer Merit Ptah es una médica. Vale recordar entonces que aquí en México su primera heredera fue Matilde Montoya, quien debió realizar una lucha inimaginable para llegar a serlo.

Lo cierto es que ella es considerada la primera mujer visible en el mundo de las ciencias, no sabemos por qué, algo especial debía haber en su conocimiento y su práctica puesto que en ciudades de la región como Sais y Heliópolix existían escuelas de medicina o “casas de vida” en lugar de casas de salud. En ellas, las mujeres aprendían a atender partos y niños, y a enfrentarse a todo tipo de enfermedades ginecológicas. Esta participación de la mujer en el desarrollo de la medicina y de la cirugía, como podemos apreciar, fue muy importante, confiriéndole al sexo femenino una presencia en la esfera pública y de las ciencias, que los datos confirman.

No obstante, Merit Ptah acusa un perfil de mayor relevancia al punto de haberse bautizado un cráter de impacto en Venus con su nombre, por parte de la Unión Astronómica Internacional. Bella decisión con aire de metáfora. Cráter de impacto es la depresión que deja el impacto de un meteorito en la superficie de un cuerpo planetario, en este caso, Venus. Para que el nombre de Merit Ptah haya permanecido en la memoria del mundo, mucho debe haber sido su impacto en su paso por la tierra en nombre de nosotras, su casta venusina.


coral.aguirre@gmail.com





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