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Miércoles , 21.11.2018 / 02:17 Hoy

Perfil de mujeres

Mary W.

Coral Aguirre

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No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres sino sobre ellas mismas.

Mary Wollstonecraft


Mary Wollstonecraft (1757-1797) fue, acaso, la más grande filósofa de todos los tiempos porque su pensamiento se irguió solo y reflexionó a solas, en pleno siglo XVIII, para decir fuerte y rotundo que el mundo no estaba bien así como lo veía. Enamorada de la Revolución Francesa vio en ella el espíritu libertario que su inteligencia exigía. Quiso habitar el campo revolucionario in situ y se trasladó a París donde pronto la alcanzó el Terror. Fue entonces cuando desarrolló su propia noción de revolución escribiendo novelas rebeldes que abogaban por la igualdad entre hombres y mujeres. Su vida fue un ejercicio permanente de lecturas para analizar y renovar la vida con la que soñaba.

A los 35 años publica Vindicación de los derechos de la mujer de modo que pone el dedo en la llaga al afirmar que las mujeres no somos inferiores a los hombres sino que no se nos da la misma educación. Así si Simone de Beauvoir nos radiografió como el resultado de un sistema patriarcal, la primera piedra de nuestro proceso como persona humana, autónoma e intelectivamente responsable, la puso Mary. Y del mismo modo que la francesa traza una línea rotunda entre antes y después de sus trabajos filosóficos.

Sin embargo, al pensar, toda mujer arriesga su propia reputación. Mary viaja con el editor Johnson quien publicará en 1785 su primer libro Reflexiones sobre la educación de las hijas, el cual por su convencionalismo obtendrá la burla de su propia autora en la década siguiente. Y además tiene amores con un hombre casado, el pintor Henri Fuseli autor de esa obra maestra que es La pesadilla quien al igual que Mary se adelanta más de un siglo a Freud y sus continuadores. Con el agravante que la pensadora no contenta con ello parece que propone a la mujer del pintor para su escándalo, compartir la vida hogareña. El lienzo de Fuseli inspirará más tarde a la hija de Mary, para su inigualable Frankenstein.

Lo cierto que Mary siempre se da de cabeza contra la ley y el orden de la ortodoxa sociedad inglesa y pasa de una actividad a otra puesto que cuando es institutriz prefiere que las niñas lean novelas malas a no leer nada y que tengan ideas aunque sean erróneas, a que sus cabecitas floten en el vacío. Y cuando se decide por el periodismo sienta las bases de la crítica literaria. No hay que leer por leer, insiste. Europa delira de libro a libro, se lee compulsivamente, pero leer no es dar fe de todo lo que se lee sino ponerlo en cuestión. Dice George Steiner que ser intelectual es leer con un lápiz en la mano. Mary tal vez ha inaugurado este procedimiento convirtiéndose en la primera intelectual de la modernidad.

En cuanto a sus novelas desarman los marcos tradicionales y suceden en sitios imprevistos como hospitales psiquiátricos, para demostrar finalmente que no es loco el enfermo sino la sociedad que lo produce. A tal punto la novedad de su discurso. Y la novedad de su vida, la cual se renueva con los amores con el americano y hombre de negocios Gilbert Imlay, por el cual enloquece de amor, gesta una hija e intenta varios suicidios por su desapego y su posterior abandono.

Es su próximo marido, Robert Godwin, quien habla de la tragedia amorosa de quien será su mujer y con la cual gestará a la autora de Frankenstein casada luego con Shelley el poeta. Es él asimismo quien ha de llamarla la Werther mujer, revelando así que la convulsionada Mary es el resultado de una sensibilidad extrema que atrapó el mundo y lo vertió hasta el límite no solo en su propia vida, sino también en sus cuentos, notas, novelas, ensayos y toda su obra filosófica.

Robert Godwin, anarquista y filósofo, será apenas por unos meses su feliz esposo. Mary Wallstonecraft muere de fiebre puerperal a los 38 años de edad poco después de haber dado a luz a quien la igualará y superará en fama pero no en talento, su hija Mary Shelley.

Dos siglos después El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, también filósofa como ella, vendría a sistematizar y continuar su obra.

coral.aguirre@gmail.com

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